(Columna) Polvo en el viento

Por: Alfredo Páez Galindo

Columnista Alfredo Páez Morales
Polvo en el Viento. Columna semanal de Alfredo Páez Morales

 

Alfredo Páez Morales

Recordando a Eduardo del Río, Rius

El gran monero, historiador-periodista , por más de cinco décadas de historia del periodismo mexicano, formador y educador de mexicanos al grito de guerra, fue enterrado en San Garabato Cuc.

El pueblo que está entre las tumbas espinosas de todo México, ¡sus habitantes están de luto!

Juan Calzonzin, el indígena con conocimientos profundos en política de la sociedad y su entorno y quien usa un sarape-cobija con enchufe en ristre y que se acompaña de sus perros Stalin y Bouturini; Chon Prieto, “Técnico en paisaje” y borracho del pueblo; Don perpetuo del Rosal, el cacique atrabiliario miembro del emblemático partido RIP…

El Lechuzo y Arsenio… Policías e instrumentos de represión de Don Perpetuo; Fiacro Franco (cantinero español); Lucas Estornino (boticario ilustrado); Ticiano Truye (tendero); Gedeón Prieto (burócrata), Doña Eme (beata de “la vela perpetua”); Don Plutarco (el burgués local) y Nicanor (músico que toca la tuba).

Todos guardan silencio porque murió a los 83 años el hombre que les dio la vida y que, por lo mismo tienen vida.

Los agachados de RIUS

¿Quién lo iba a decir? El hombre de izquierda fulminante, el comunista histórico, el revolucionario de a pie y de plumilla en la mano, Eduardo del Río, nació en una de las zonas más conservadoras del país, Zamora, Michoacán, en 1934.

Fue el creador de los “Supermachos”, una revista de sátira política, dibujada y argumentada por él, para expresar las contradicciones de las que está hecha la vida social mexicana, pero sobre todo de los extremos y abusos de poder, de gobiernos que van en contrasentido de la historia.

Rius comenzó a publicar en 1955 en la revista Ja-Ja, aquélla que intentaba mostrar lo antes impresentable, con imágenes de mujeres preciosas y textos pícaros de tono sexual, lo que rompía el tabú de la mochéz mexicana, por entonces aún envuelta en el sacrosanto cobijo del conservadurismo nacional, a pesar de presumir una “revolución institucionalizada”.

Pronto se supo que Rius sabía de política y que tenía sus propias ideas y, de pronto, también la industria editorial lo atrajo en momentos en que la inquietud nacional estaba a flor de piel.

Así que a principio de los años sesenta Rius sutituyó a Abel Quezada en el periódico Ovaciones, aunque pronto fue despedido de ahí porque sus cartones eran “muy críticos” al gobierno.

En 1965 la editorial Meridiano recibe su proyecto de una historieta política: “Los Supermachos”, que pronto vendería más de doscientos mil ejemplares cada semana…

Pero lo dicho, a los hombres del poder no les gusta ser caricaturizados y ser motivos de “risión”.
Esto les duele más que cientos de sesudas reflexiones sobre su poder, su gloria y sus chanchullos.

Así que Ríus tuvo problemas con el gobierno del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien impulsó su salida de ese diario.

Para 1968 Eduardo del Río crea “Los Agachados”, en donde, por su cuenta y riesgo, inicia la gesta del humor y la caricatura de lo político, hasta llevarlo al punto de la carcajada… y del dolor, porque daba en al diana de una de las grandes enfermedades nacionales: la corrupción.

Fue seminarista, burócrata, embotellador, vendedor de jabón, “office boy”, encuadernador, cajista y profesor sin título, y por lo mismo, tenía metida en las venas la denuncia política, porque como ha dicho Oskar Lafontaine, a él el corazón le latía a la izquierda.

En 1968 poco antes de los acontecimientos de Tlatelolco del 2 de octubre, publicó un número de los “Agachados” en donde en el podio olímpico colocó a un policía, un granadero, y con la medalla de oro de la represión a un soldado con la ametralaldora.

En 1969 Rius fue secuestrado por policías y puesto a disposición de militares.
Lo encerraron en Toluca, en un cuartel militar y lo amenazaron con darle muerte:
“Yo ya estaba dispuesto a mi muerte”, relató después, pero fue rescatado por el ex presidente Lázaro Cárdenas.

Mucho más ocurrió a un hombre creador de un nuevo modelo de cartón, historietas, más de cien libros de tono político, de cuyas lecciones también abrevaron muchos otros “moneros” de hoy.

Rius nos hacía reír por las cosas del mal poder, pero sobre todo nos hacía reflexionar y llorar por nuestra tragedia interminable de ser miembros de “la vela perpetua”, con abyectos personajes del negocio, por encima de las ideas.

Ya no está Rius…
El poder sigue ahí, en lo suyo.

No importa. Sí importa que un día, muchos días, un hombre que dedicó su vida a mostrarnos que la vida puede ser distinta en mundos de colores como los que creó y que nos hereda para salir de San Garabato Cuc, encerrado en sí mismo, y que hoy está en silencio porque murió el 7 de agosto, quien se llamaba Eduardo del Río, era Monero y maestro y guía de muchos de los aquí presentes.
Moneros se sienten “huérfanos” con la partida de Rius.

Rius nunca perdió el humorismo, ni en sus últimos días.

octubre 7, 2019

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