AMLO celebra dos años de su triunfo

Por: Humberto Morgan Colón

Columna/  QUE HABLE LA BANDA

El presidente Andrés Manuel López Obrador, celebró dos años de su triunfo.
El tiempo vuela, no obstante que la pandemia y la crisis económica hacen de él algo tortuoso, creando la sensación de que no corre a la misma velocidad.

Como si se hubiera detenido o se hubiese pasmado por los pesares de la patria. Aun así, se cumplen dos años del triunfo del presidente electo con el mayor número de votos de la historia cuasi-democrática del país.

En este periodo, no han cambiado mucho las condiciones de la nación, la franja de pobres se sigue ampliando, se agudiza el desempleo, la violencia no para y ahora se extiende a la ciudad como en las zonas de conflicto del norte del país.

Miles de mexicanos protestan por las condiciones de precariedad y la falta de atención a sus demandas: médicos, integrantes de pueblos originarios, campesinos, empresarios, grupos de vivienda afectados por el sismo de 2017, padres con niños que padecen cáncer, caravanas de automovilistas de clase media y hasta el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que rechaza la construcción del Tren Maya.

La relación con Estados Unidos es similar a la que se tuvo con Carlos Salinas de Gortari y en los sexenios posteriores, un traspatio, somos un aliado- subordinado, que hoy cuida fronteras con la Guardia Nacional.

El clima político es de suma polarización, chairos y solovinos contra fachos y fifís, los intelectuales, comentócratas y opinadores nos liamos a frases en las redes sociales y en los medios, con objeto, no de defender precisamente a la ciudadanía, sino al bando que hemos decidido apoyar, más como una práctica inercial y de intereses personales, que dirigida hacia el bien común.

Así, vemos cotidianamente a los intelectuales orgánicos de la 4T, defendiendo lo indefendible y a los intelectuales de derecha, reprochando cualquier nimiedad. Los escándalos de corrupción de los funcionarios públicos siguen en la palestra, como en los peores momentos del PRI, del PAN o del PRD.

La confrontación del primer mandatario con la prensa que lo critica no es diferente a la del presidente Trump con los medios que lo exhiben.

En las calles, no es otra la situación, crece el descontento de los que no votaron por el presidente y de muchos que creyeron en él y ahora, consideran que no se cumplieron sus promesas, y por otro lado, una militancia de Morena con un apoyo desbordado, como en los viejos tiempos del PRI, ese sector al que tildaban de borregos, porque no importaba que destino tuviera la república, apoyaban hasta el fanatismo cualquier acción del partido en el poder.

Hasta ahora, parece que la austeridad debilitará el proyecto político ofrecido en campaña. El excesivo recorte a Dependencias, a sueldos de trabajadores del Estado, a la supresión unilateral de sus aguinaldos y a la parafernalia de Administraciones anteriores, es una propuesta muy atractiva para el elector común.

Pero el discurso no resistirá mucho, si los 500 mil millones de pesos recuperados por el combate a la corrupción, entre otros ahorros, no se traducen en más equipamiento y apoyo para la seguridad pública, en mejora de hospitales y más medicamentos, en infraestructura urbana, transporte público, en apoyos al campo, en generación de empleos y otras necesidades cotidianas.

Igual suerte correrán las iniciativas del Ejecutivo Nacional, sino se cierran las llaves de las escandalosas fugas de recursos públicos, como las catastróficas pérdidas en Pemex, o en el Banco del Ahorro, además de la inversión en proyectos enormes, como el Tren Maya, Dos Bocas o el Aeropuerto de Santa Lucia, en contraste con el cierre de pequeños negocios y los miles de empleos perdidos, en la grave crisis que sufren los hogares mexicanos por la recesión mundial y el deterioro de nuestra economía nacional.

Hoy, lo que indican los resultados en las encuestas, es que la popularidad del presidente ya arroja un saldo negativo para él.

Mucho de ello se debe a la arrogancia de considerar que los más de 30 millones de votos emitidos a favor de su proyecto, son un cheque en blanco. No será así, si no se cumplen las promesas de campaña: seguridad, paz, empleo, cultura, educación, crecimiento económico, combate a la corrupción, etcétera, este Gobierno será recordado como de grandes expectativas, pero magros resultados, como el de Vicente Fox o el de Enrique Peña Nieto.

En los cuatro años restantes de esta Administración, probablemente veremos, si la realidad nacional y el mundo globalizado, obligan al presidente a cambiar sus axiomas y sus prioridades o si mantendrá a ultranza su ideología; la que se trata de imponer con calzador a una población mayoritaria que considera que el conservadurismo y el liberalismo es cosa anticuada y no responde al contexto de un mundo interconectado, diverso, plural, en el que la gente piensa y se expresa, donde ganan terreno las minorías y los descomunales retos a los que nos enfrentamos, responden a la inmediatez y al pragmatismo, donde la izquierda y el neoliberalismo hoy viven una suerte de simbiosis, como en Rusia o en China.

Una nueva etapa, la Cuarta Transformación, que hasta el día de hoy solo es una narrativa, una propuesta, un discurso, tal vez una proyección de a donde debería llegar el país. Sin embargo, múltiples factores internos y externos a Morena le impiden materializarse, realizarse en las instituciones, en las plazas públicas, en la mejora de las condiciones generales de la población, de los servicios y en la
calidad de vida.

Lo que es claro, es que si no se resuelven los problemas del país, no existirá una diferenciación histórica entre los últimos cuatro presidentes y se habrá perdido una oportunidad de oro, para cambiar a México.

 

 

 

julio 2, 2020

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