Anarcopaternalismo en tiempos de COVID-19

Por: Rafael Guarneros

COLUMNA/ COMO ANILLO AL DEDO

 

A lo largo de mi vida como ciudadano interesado en los aspectos de la vida pública que inciden directa o indirectamente en las comunidades, he escuchado algunas frases que han dejado huella.

Una de estas frases contenía una pregunta y una contundente respuesta: “¿Quieres saber quién ha sido buen padre y buena madre? Observa cómo son sus hijos” “¿Quieres saber quién es un buen gobernante? Observa el comportamiento de sus gobernados”.

Imagínense estimados lectores, una escena de una madre consentidora en México, que no sabe o no le interesa poner orden en su casa, deja que sus hijos rayen las paredes, tiren la basura en el piso, se roben los dulces de la tiendita de la esquina, destruyan los juguetes a sus vecinos, sus juguetes los dejen botados por toda la casa, dejen abiertas las llaves del agua, no laven sus platos, tengan como chiquero su cuarto, no hagan sus tareas y copien los exámenes, tengan la música a todo volumen aún en altas horas de la noche.

Cuando llega el papá y pretende reprender alguno de los niños por las quejas por mal comportamiento en la escuela y sus malas calificaciones, la mamá defiende al angelito, ya que para ella siempre la culpa es del maestro que le tiene mala fe a su vástago.

Ella fuma mariguana y bebe frente a los niños, les enseña a los niños a fumar y les comparte la cerveza para que vayan familiarizándose y tengan según ella “autocontrol” para dominar el vicio. Una tarde sale a visitar a unos amigos activistas que están en contra de que pongan rayitas blancas en los caminos de terracería en la selva del Congo Africano.

En su ausencia les pide a sus hijos mayores de 7 y 8 años que cuiden al hermanito menor y que no dejen que se acerquen al bebé los dos perros Pitbull que andan por toda la casa sin ningún límite ni precaución. A su regreso, después de tres horas de haberse ausentado, encuentra la peor escena que pueda uno imaginar.

Pues la CDMX comienza a verse como esa casa, hay un desgobierno que se está acentuando a la vez que se va alargando la crisis sanitaria con la pandemia de COVID-19 producida por el virus SARS-CoV-2. Para darnos cuenta del problema al que nos enfrentamos, hagamos un comparativo de fallecimientos confirmados tanto a nivel nacional como en la CDMX.

 

A nivel nacional se observa que los fallecimientos por COVID-19 siguen incrementándose conforme pasa el tiempo, ya que en marzo se confirmaron 29 fallecimientos, en abril 1,830, en mayo 8,071 y tan solo en la primera quincena de junio ya se confirmaron 7,211 fallecimientos;  por lo que se prevé que  se alcancen más de 14,000 fallecimientos en un solo mes.

Hubo 51.7% más fallecimientos las dos primeras semanas de junio que en las dos últimas semanas de mayo. Por otra parte, al revisar las muertes ocurridas en la CDMX por COVID-19, se observa que al igual que a nivel nacional, en la capital sigue creciendo el número de fallecimientos conforme pasa el tiempo y aún no se aprecia que disminuya esta tendencia.

En la siguiente gráfica se observa cómo se han ido acumulando los fallecimientos, habiéndose confirmado la muerte de 4,553 personas desde el primer fallecimiento en marzo, hasta el 14 de junio.


Se observa que en la primera quincena de junio se registraron 42.9% más muertes por COVID-19 que la última quincena de mayo, lo cual confirma que no se ha contenido la peor consecuencia de la pandemia, que es la pérdida de vidas humanas.

Con la tendencia actual, a finales del mes de junio habrán muerto más de 6,500 personas en la Ciudad de México a causa del virus SARS-CoV-2. A pesar de este evidente panorama de creciente letalidad, el Gobierno de la Ciudad de México este lunes dio el banderazo a la apertura de actividades en conforme el siguiente calendario:

 

Por parte del Gobierno de la Ciudad de México, hay una serie de recomendaciones sobre medidas preventivas para evitar el contagio, especialmente orientadas al uso de cubrebocas, a mantener la sana distancia, a usar gel antibacterial y a no salir de casa si no es necesario.

Cabe reconocer que a diferencia de la política impulsada contra el uso de cubrebocas por el Dr. Hugo López Gatell, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el Gobierno de la Ciudad de México sí impulsó el uso de cubrebocas desde hace poco más de mes y medio, obligado a ir en contra la línea nacional tal vez por la alta incidencia de contagios, que han representado arriba del 25% de los fallecimientos de todo el país.

 

 

 

 

 

El problema de esta estrategia es que está coja; le falta el elemento coercitivo. Muchas personas, sobre todo jóvenes o personas de los sectores socioeconómicos más desfavorecidos, no creen en el peligro que representa para la vida la epidemia; algunos se sienten inmunes por la idea errónea de ser jóvenes, otros porque crecieron con la idea de que el cuerpo debe agarrar defensas por sí solo.

Otro segmento es el de los inadaptados sociales que no aceptan que el gobierno les ponga limitaciones y no tienen la más mínima empatía por los demás. Así que una estrategia basada en el convencimiento siempre tenderá a fracasar frente a estos segmentos de la sociedad.

 

 

La resistencia de algunos malos ciudadanos que no acatan las recomendaciones para salvar vidas, se debe especialmente a que no hay la motivación suficiente  para cumplirlas, porque no hay ninguna consecuencia por no cumplir; es decir, las recomendaciones por naturaleza no son obligatorias y como consecuencia no hay sanción alguna.

Veamos cuál ha sido por ejemplo la principal causa del fracaso de la Ley de Cultura Cívica, de la Ley de Protección a los Animales o del Reglamento de Tránsito (RT), siendo que en todos estos casos al ser normas perfectas contienen sanciones a su incumplimiento; sin embargo, si no hay autoridad que quiera aplicar las sanciones, entonces los preceptos legales se convierten en letra muerta.

Por ejemplo, la Ley de Cultura Cívica establece que quien cometa infracciones tipo B, serán sancionados con multa equivalente de 11 a 40 Unidades de Medida, o arresto de 13 a 24 horas o trabajo en favor de la comunidad de 6 a 12 horas.

Entre las infracciones tipo B están el producir o causar ruidos por cualquier medio que notoriamente atenten contra la tranquilidad o represente un posible riesgo a la salud. Sin embargo, una de las principales quejas de los vecinos de diferentes colonias en la Ciudad está relacionada con establecimientos como bares, chelerías o barterrazas, por la generación de ruido en exceso, en horarios que van desde las 18:00 horas hasta la madrugada del día siguiente, no importando que sean la 1, 2, 3, 4 ó 5 de la madrugada.

En estos casos es obligación del personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana presentar ante el Juez Cívico a los infractores. Una queja reiterada de los vecinos es que la policía no remite a los infractores ante el Juez Cívico, en caso de que haya llegado alguna patrulla los policías sólo conminan a los escandalosos a bajarle a su ruido y en cuanto se retira la policía del lugar, vuelve el escándalo y la música con más intensidad. Existe en la Ley la sanción, existe el mecanismo de presentación del infractor, pero la policía no cumple con su obligación. Por lo tanto, la conducta antisocial se estimula ante la impunidad que prevalece.

 

 

 

Otro ejemplo. La Ley de Protección a los Animales de la Ciudad de México contempla una multa de 21 a 30 veces la Unidad de Cuenta de la Ciudad de México vigente, o arresto administrativo de 25 a 36 horas, a la persona propietaria, poseedora o encargada de un perro y que la persona omita el cumplimiento de la obligación de colocarle una correa al transitar con él en la vía pública.

De nuevo corresponde a la Secretaría de Seguridad Ciudadana responder ante situaciones de peligro por agresión animal y de conformidad con la Ley de Cultura Cívica, debe remitir al infractor ante el Juez Cívico. Sin embargo, es común ver en los parques, camellones y jardines públicos, incluso cerca del área de juegos de los niños, mascotas sin correa.

En el Parque México, de la colonia Hipódromo, ya se han dado casos en los que perros grandes matan a pequeños perros. La policía normalmente no conmina a los dueños a pasear con correa a sus perros y no hemos tenido conocimiento de un solo caso en el que hayan remitido al infractor 13 ante el Juez Cívico, por lo que prevalece la conducta antisocial y el riesgo para niños y adultos. Las historias de ataques de perros a niños y adultos en la calle o parques son frecuentes en México y en muchas partes del mundo.

 

Un ejemplo más. El Reglamento de Tránsito establece una multa de 10 a 20 veces la Unidad la Unidad de Cuenta de la Ciudad de México vigente a quien estacione su vehículo sobre vías peatonales, especialmente banquetas y cruces peatonales, así como vías ciclistas exclusivas, para ello es suficiente que cualquier parte del vehículo se encuentre sobre estos espacios; adicionalmente se usará grúa o vehículo autorizado para que el vehículo involucrado en la infracción sea remitido al depósito vehicular.

Sin embargo, es común ver sobre Avenida Patriotismo automóviles y motocicletas estacionados sobre la banqueta, no hay operativos y cuando llega a presentarse algún elemento de tránsito, sólo se ve cómo platica con los dueños del vehículo, cortésmente se despiden de mano, se retira y los vehículos siguen estacionados sobre la banqueta. Hay una disposición obligatoria, existe una sanción a la infracción, pero no hay autoridad que quiera aplicar la Ley, por lo que prevalece la impunidad.

Tomando como punto de partida estos ejemplos, podemos entender que una Ley, Reglamento o Norma, tiene la finalidad de proteger un bien general. Lo hace poniendo límites a las libertades de las personas en situaciones particulares.

Por ejemplo, eres libre de poseer un automóvil para desplazarte a donde tú quieras, pero tu libertad de movimiento estará limitada al bien general; por lo que deberás respetar el sentido de las vialidades, los límites de velocidad, así como las vías peatonales, las aceras o banquetas.

En este último caso se estará protegiendo el derecho del peatón a caminar con seguridad sobre un espacio exclusivo para él; se está protegiendo su integridad física y por ende su salud. Para obligar a los automovilistas a respetar el derecho del peatón a caminar por banquetas libre de obstáculos y con la seguridad de no ser atropellado por un vehículo, se establece una sanción al infractor.

Si no hay sanción, no hay forma de obligar al conductor de un vehículo a que respete las vías peatonales. Si no hubiera sanción explícita en el Reglamento de Tránsito, entonces éste sería una norma imperfecta, quedando su texto como una simple recomendación.

Entre las obligaciones de los gobernantes, además de brindar servicios públicos y administrar la hacienda pública, está la obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las Leyes que de ella emanen. Por lo tanto, si la autoridad renuncia a la obligación de hacer cumplir la Constitución y las Leyes, entonces debilita al  Estado y daña al interés general.

 

 

El anarquista busca la supresión del Estado y cuando se ausenta de sus obligaciones el poder público, se crea el ambiente ideal para la proliferación de la anarquía. La Constitución reconoce el Derecho a la Protección de la Salud y recae en el gobierno y sus instituciones la obligación de garantizar ese derecho.

Proteger la salud y la vida de los mexicanos frente a la amenaza que representa la epidemia de COVID-19, en estos momentos es una de las obligaciones prioritarias de los gobiernos. Párrafos arriba he ejemplificado casos cotidianos que demuestran la proclividad de las personas a incumplir disposiciones normativas a pesar de que ello implique alguna sanción; entonces, es por demás evidente que si las prescripciones para evitar los contagios por COVID-19, y con ello el fallecimiento de decenas de miles de mexicanos, quedan como simples recomendaciones, entonces resultará que un importante sector de la sociedad no las pondrá en práctica; sobre todo si no cree en la pandemia o si se siente inmune por su condición de ser joven o por desconocer si tiene alguna comorbilidad; es decir, si tiene algún padecimiento que lo haga más vulnerable al virus en caso de infectarse.

 

 

Quienes están atendiendo las recomendaciones para prevenir los contagios son por lo general las personas que están conscientes de su vulnerabilidad en caso de contagiarse; por lo tanto este sector de la población deja de ser un foco de contagio.

Quienes son el problema real y se convierten en potenciales supercontagiadores, son los que tienen un comportamiento anárquico, individualista, poco empático para con los más vulnerables, egoísta y a la vez, sin saberlo, son portadores asintomáticos del virus. Por lo que, al no usar cubrebocas al caminar, platicar, cantar, trotar o correr, van esparciendo el virus a las personas a su alrededor, convirtiéndose en homicidas potenciales; aunque tal vez nunca se enteren que contagiaron a alguien en la calle o en el transporte público y que ello les causó la muerte a las personas que contagiaron.

Es aquí donde vemos que la falta de presencia de la autoridad para obligar a cumplir las acciones preventivas, se convierte en negligencia criminal de la autoridad. Y si hablamos de que cientos de portadores asintomáticos pueden ser responsables del contagio y muerte de miles de personas, entonces la omisión de las autoridades de gobierno se convierte en genocidio contra el grupo social de personas de la tercera edad y aquellas con enfermedades crónico degenerativas que actualmente representan una carga para los sistemas de salud y de pensiones a cargo del Estado.

Ya es tiempo de que el Gobierno Federal y el Gobierno de la Ciudad de México, reconsideren su paternalismo ante los anarquistas. La estrategia sanitaria debe considerar también sanciones a quienes en vía pública o en el transporte público o en los establecimientos mercantiles no acaten las recomendaciones preventivas para evitar la propagación del virus.

Estando a punto de llegar en el mes de junio a más de 25,000 fallecimientos a nivel nacional y más de 6,500 en la Ciudad de México, nuestros gobernantes en sus estimaciones deben ponderar mejor la vida de sus gobernados y hacer a un lado los costos políticos que pudiera generar el incluir sanciones a quienes no acaten las medidas preventivas.

Es más peligroso que un anarquista o un antisocial contagie a una persona con alguna comorbilidad ya que le puede producir la muerte, a que ese anarquista haga un grafiti o robe un OXXO. Estamos hablando de que las vidas humanas están en juego y de que el gobierno de la Ciudad de México no puede evadir la responsabilidad de cumplir la obligación de proteger la salud y la vida de la población.

A ningún gobierno le debe “Venir como Anillo al Dedo” la muerte de decenas de miles de sus gobernados que es su obligación proteger.

 

 

 

junio 17, 2020

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