Atentado a García Harfuch; oportunidad para una nueva estrategia de seguridad publica

Por: Humberto Morgan Colón

Columna/  QUE HABLE LA BANDA


El atentado al secretario de seguridad de la ciudad de México, Omar García Harfuch,  constituye una oportunidad para cambiar la coordinación y la estrategia de seguridad pública.

El atentado perpetrado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) contra Omar García Harfuch, no tiene precedente. Nunca, un secretario de seguridad de la ciudad de México, jefe del cuerpo policiaco más grande del país, vivió un episodio tan dramático. Como es lógico, tiene varias lecturas el hecho, pero algunas de ellas, nos llevan irremediablemente a cuestionar la política pública del gobierno federal, para combatir al crimen organizado.


Si bien, son bastante graciosas las ocurrencias del presidente de la república, como las que aseguran “abrazos no balazos”, “pórtense bien o los va a regañar su abuelita”, en la vida real, son un disparate que incomoda a los elementos de seguridad, al tiempo que da manga ancha a sicarios, ladrones y secuestradores para imponerse a una sociedad temerosa, poco cohesionada e indignada por el número de homicidios y delitos en el país.

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública son lapidarios. De enero a mayo de 2020, más de 15 mil 011 personas perdieron la vida por hechos delictivos, un incremento del 3 por ciento con respecto al año anterior.

A ello, hay que sumarle que la inercia negativa de 2019 crecerá. Recordemos, que fue el año con la mayor tasa de homicidios dolosos de la época moderna del país, el año con más feminicidios, robo con violencia, trata de personas, narcomenudeo y violencia familiar. El segundo peor año en extorsión, tercero en violaciones y quinto peor en secuestro, robo y violencia.


Las policías locales, la guardia nacional, el ejército y ni la pandemia del Coronavirus, detienen la secuencia de homicidios, extorsiones, secuestros y delitos de alto impacto que generan quienes se saben impunes, pues han logrado complicidad en muchas de estas instituciones, han pagado campañas de altos políticos y además se ven beneficiados por la errática estrategia del ejecutivo nacional.

Es cierto, no es un fenómeno nuevo y es parte de una terrible herencia de otros gobiernos, que se dejó crecer por corrupción, omisión, miedo, y desconocimiento. Sin embargo, es claro que las acciones propuestas por el primer mandatario y su secretario de seguridad federal no constituyen la respuesta para frenar la catástrofe.

Pues el recorte de los presupuestos para seguridad ha dejado en la precariedad a muchas corporaciones.  La inversión en los jóvenes con educación, capacitación y apoyos económicos, son absolutamente loables, no obstante, de mantenerse darán resultados en dos generaciones más.

Al menos 26 mil elementos de la Guardia Nacional se mantienen como barrera humana en la frontera sur, para evitar la entrada masiva de migrantes, y la disminución de capacidades de los aparatos de inteligencia de la nación, como el Cisen, han generado un penosa ceguera al estado.

Por otro lado, la liberación de Ovidio Guzmán, en un fallido operativo y el saludo público a la mamá del Chapo por parte del presidente, muestran la intención del Gobierno Federal, para llevar la fiesta en paz con un cártel, pero ha aguijoneado a los otros, por lo que la promesa del de Sinaloa para bajar la violencia ,probablemente se cumplirá. Sin embargo, los otros grupos delictivos, la exacerbaran. 

En el país, ya es común ver de manera cotidiana en los distintos medios de comunicación y en las redes sociales, la ejecución de jefes policiacos de distintos municipios, las emboscadas a miembros del Ejército y de la Guardia Nacional, el apilamiento de cuerpos en fosas o carreteras, las masacres en bares y colonias populares, además del enfrentamiento entre carteles. Con ello, se genera la impresión de que el Gobierno de la nación ha renunciado a su obligación de coadyuvar en los 32 estados del país y es verdaderamente inverosímil, pero parece cierto con el atentado al secretario Omar García Harfuch, que dejaron sola a la ciudad en esta batalla.


Afortunadamente, desde que llego la izquierda a la administración de la capital, se construyó un esquema de capacitación y profesionalización de su policía, se implementó un gran sistema de videovigilancia con más de 10 mil cámaras en las calles, equipamiento tecnológico, nuevas patrullas y con la asunción en el cargo de García Harfuch, mejoraron los sistemas de inteligencia de la Dependencia, con los que ha realizado exitosos operativos y detenciones de importantes cabecillas de grupos delictivos.

Esta preparación de la policía, más la infraestructura de la ciudad,ha dejado claro que será difícil para los cárteles, una operación en la escala que hoy quisieron lograr. La detención de 12 presuntos participantes en el lugar de los hechos y la posterior captura de dos implicados más en el estado de México, habla de la buena coordinación entre entidades y de la diferencia en el número de elementos con el que cuentan estas corporaciones, con respecto a los municipios donde los delincuentes abusan de su capacidad bélica y ferocidad.


El atentado al secretario Omar García Harfuch, es una oportunidad para recapacitar y cambiar la estrategia nacional de coordinación y seguridad. También,para que la sociedad civil termine con su apatía y cerremos filas con motivo de cambiar el estado de las cosas. Basta ya de “Abrazos no balazos”, hoy necesitamos acciones precisas, inteligencia policial y financiera, el ejercicio congruente de la fuerza del estado y el respeto de la legalidad en los tribunales. ¿Perderemos la oportunidad

PD. Lamentamos el fallecimiento de tres personas, dos policías y una joven de 23 años. Deseamos una pronta recuperación al secretario.

junio 27, 2020

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