Columna| De Primera

Alfonso Jay Marínez. Columnista
Alfonso Jay Martínez. Columnista

 

La talacha

Y algún mal día, el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dado ni una cartita de consuelo.

Eduardo Galeano, el fútbol a sol y sombra.

Todos, en algún momento de nuestra existencia, soñamos con ser jugadores de fútbol; soñamos con levantar la copa del torneo del barrio, la copa del torneo escolar, la copa de la liga local, la copa del mundo; firmar playeras, que te pidan fotos… que te paguen por jugar.

Algunos, pocos, muy pocos logran ese cometido, ser el centro del universo por algún momento de la historia.
En un universo futbolístico paralelo, están los que lo lograron por un momento, los que debutaron pero no se mantuvieron, los que son unos cracks e ídolos en el barrio pero por algún extraño motivo no se lograron, o los que por azares del destino nacieron en alguna otra parte del mundo y buscando fortuna terminaron jugando junto a nosotros en el llano.
A esos cracks que les pagan en especie o alguna módica cantidad les llamamos “talacheros”.

La mayor parte de los talacheros llegaron a ser profesionales pero no lograron consolidar su carrera.
La talacha es la forma en la que algunos futbolistas de cierto nivel han encontrado para sobrevivir en el sector amateur, en esos equipos cobran por cada partido que juegan.

Carlos da Silva Pereira, se levanta todos los sábados a las 4:30 am, se baña y prepara para un día de trabajo extenuante, disputará 4 juegos de fútbol. De Tacubaya a Tecámac, de Tecámac a Chalco y de ahí a Aragón.

Se formó en las filas del flamengo en su natal Brasil, por sus condiciones en el fútbol fue traído a México por un promotor con la intención de probar suerte en el club que se dejara.

Llegó con un grupo de 4 amigos, también brasileños a jugársela a México, al paso del tiempo el grupo se desintegró y el sueño de debutar pareció esfumarse.

Jugó en los clubes Altamira, venados y curtidores de liga de ascenso.

En una semana mala saca entre 3000 y 3500 pesos, en una buena, con finales y trofeos hasta 15-19 mil pesos.

En la talacha existen torneos en que si se es campeón pagan hasta 300 mil pesos.
Carlos cobra entre dos mil y cuatro mil pesos hay veces que ha jugado hasta 7 partidos en una semana.

Estrada, como lo conocen en el barrio, es un gambetero nato, te dribla, te hace un túnel, te espera y te hace el túnel de vuelta; dicen que no llegó porque el partido contra la fiesta siempre lo perdía y Poque alguna vez un “promotor” le cobro 60 mil pesos por debutarlo en Toluca y nunca más lo volvió a ver.
Terminó la prepa y no encontró cabida en la universidad.

Ayuda en su casa con lo que saca en la talacha, cobra entre 500 y mil pesos por juego, ha llegado a jugar hasta 10 partidos en el transcurso de una semana, pero “a veces te lo pagan en especie, una moto por un torneo o unos tenis cada dos jornadas, así no sale”.

¿Cuántas historias conocemos de fenómenos que no se consolidan porque el entrenador ya traía equipo, o el promotor los estafó; porque no das la estatura o ya te pasaste de edad?

¿Cuántos “caballeros de pantalón largo” lucran en el mercado de piernas que se ha convertido el fútbol y ganan más que el mismo futbolista?

¿Cuantos “petardos” extranjeros llegan a quitarle el sueño al canterano local por recomendación?
¿Se deberá a esto el estancamiento del fútbol mexicano?

¿La brecha salarial también existe en la talacha? 
A mi pensar, como simple admirador de fútbol, Deberían los clubes invertir en sus canteras, por el bien del deporte más hermoso del mundo.

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