COLUMNA| Del grito y otras puterías de la FIFA/

Por: Alfredo Páez Galindo

Por: Alfonso Jay Martínez

Ser puto, a mi parecer, no es una condición de orientación sexual, es una actitud frente a la vida.

Puto, como lo dice la canción del grupo de rock mexicano “Molotov”, es aquel que sus actos son contrarios al bienestar colectivo, lo hace por chingar, pa’pronto.

Puto, también, en la interpretación que se usa en círculos de amistades cercanas, es aquel que muestra alguna falta valor, “no seas puto, ya dile que te gusta”, “¿y si lo hiciste?, ah, ¡que puto!”.

El puto es usado en vocabulario individual casi de manera cotidiana e inconsciente con sus diferentes acepciones y en el mínimo de los casos se usa para referirse a alguien de diferente preferencia sexual,  acéptenlo.

Lo usamos diario, tanto que para la FIFA somos homofóbicos hasta con las cosas.

Está arraigado en nuestra cultura. Lo decimos sin pensar en un hombre besando a otro. Es más, a ellos no se los decimos, al menos no en su cara. Se nos ha educado para ser respetuosos cuando detectamos a un gay entre nosotros. Salvo que sea nuestro amigo, porque entonces cabe.

La historia del grito (ehhhh… Puto!!!) viene desde el proceso preolímpico de Guadalajara (2003) rumbo a la olimpiada de 2004 e hizo su “debut” en la liga mexicana en ese mismo año en un juego entre el Guadalajara y el Atlas, con el afán de incomodar al entonces portero del Guadalajara, Oswaldo Sánchez.
No se hizo por poner en duda de su preferencia sexual o ventilar cosas de su vida privada o dañar susceptibilidades, es simple “folclore” futbolístico, así, sencillo.

Puto es, a la opinión del que escribe, sinónimo de lo que el mexicano quiera; es lo más cercano a “güey” pero con más confianza o enojo, según la ocasión.

El grito no se trata de normalizar la violencia que existe (y existía ya, aún antes del grito) hacia ese sector de la población ni incitar a la discriminacion de la comunidad homosexual como se pretende hacer creer.

Alguna vez escuché de un comediante que se había negado a atender de manera preferente a un niño en silla de ruedas; al preguntarle la razón de la acción mencionó que hacer eso sería “discriminar a las personas que están haciendo fila para sacarse una foto; lo mismo pasa con los chistes, me dicen que no puedo hacer chistes de discapacitados, homosexuales y religiosos, eso sí es discriminacion” no gritar puto en un estadio cuando despeja el portero rival.

¿Qué será del fútbol cuando nos pidan no llevar banderas, ni mantas, ni bengalas, ni colorido? cuando se normalice la multipropiedad de equipos, cuando el amaño de partidos lo sepa todo el mundo y no se haga nada, cuando se pida detener el juego por “revisar” una jugada…. esperen….

El fútbol debería estar libre de putos. De los putos que se dan golpes de pecho juzgando el comportamiento de una sociedad en un estadio. Si se prohibe decir puto, se tendría que prohibir la difamación que para el árbitro significa ser culero o ratero.

También debería castigarse cuando se exige la salida de un técnico en un linchamiento público. Tendrían que prohibirse los apodos. No más negros, hobbits y piojos. No más titulares beligerantes. Nunca más una guerra en la cancha.

octubre 17, 2019

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