(Columna) Mentiras Verdaderas

Por: Alfredo Páez Galindo

Enrique Terán
Columnista. Mentiras Verdaderas
Enrique Terán
Analista Político

¿Quién fue Marcelino Perelló?

Querido lector, hoy me estreno en este espacio como columnista; espero no herir susceptibilidades.

El miércoles 2 de octubre se cumplieron cincuenta y un años del trágico evento de Tlatelolco, a pesar del inexorable paso del tiempo sigue siendo un tema escabroso.

Por desgracia, me atrevo asegurar que las nuevas generaciones desconocen el contexto social de la época; habrá sus honrosas excepciones.

Leer “La noche de Tlatelolco” de Elenita, no nos hace expertos en el tema. Los prudentes o timoratos no nos atrevemos a ir al centro, en esa fecha, no vaya ser que seamos chivos expiatorios, o daños colaterales del Jefe de la Policía de la CDMX.

Marcelino Perelló fue integrante del Consejo Nacional de Huelga (CNH) un líder destacado. No pretendo recitar una biografía, para eso está Wikipedia, quiero reivindicar su figura, y -si ustedes me permiten- trazar una visión de la realidad en sencillas palabras.

Muchos, por no decir la inmensa mayoría, relacionan a Marcelino con una declaración que hizo en su programa de Radio UNAM, que juzgaron como misógina y violenta.

Hasta ese día se enteraron quién era y que tenía un programa de radio en la universidad; empezó un linchamiento mediático, y termino falleciendo meses después. Sus detractores se alegraron con singularidad.

Marcelino fue autor de la Marcha del Silencio, el día 13 de septiembre de 1968, una marcha emblemática que puso en jaque al estado, pero nadie le reconoce su participación, incluso han tenido la osadía de decir que él no perteneció al movimiento, y la razón es porque, era un rebelde, libérrimo, anárquico; un hombre fuera de serie y adelantado a su tiempo.

La mezquindad y la envidia que levantaba la personalidad de Perelló, son una demostración de la condición de la miseria humana. Pareciera que las personas inteligentes, brillantes por arriba del promedio, en este país están condenadas a sufrir el desprecio de propios y extraños, en una nación donde solo importan los contactos, el mejor zalamero, el más abyecto, el que tenga la habilidad de jugar a la doble personalidad.

Jamás han sido parte de nuestra cultura política las capacidades probadas, el talento, el intelecto, la trayectoria; y eso pasa en el ámbito intelectual, académico, económico y político; permea en toda nuestra sociedad.

Para muestra está Porfirio Muñoz Ledo, nunca lo dejaron ser presidente, les asustaba que fuera tan brillante. Y este último fue víctima de la tragedia de los comunes.

Muchos líderes del movimiento, como Pablo Gómez, Raúl Algarín, Nacha Rodriguez y muchos más supieron mercantilizar su participación; algunos tuvieron cargos públicos, becas, se convirtieron en intelectuales orgánicos; el brillante liberal: Jesús Reyes Heroles les hizo creer que el régimen tendría apertura, y maquiavélicamente en la reforma política de 1973 apuntaló al sistema y dijo entre sus amigos “el que resiste, apoya” y por desgracia tuvo razón.

Marcelino tomó el camino difícil, el disentir con la mayoría de sus compañeros, en no ser marioneta. Proponía negociar, ir hablar con el presidente y sentarse a negociar con el diablo; hoy sería un estadista. En ese tiempo hasta de traidor lo acusaron.

El rector Barros Sierra un hombre brillante; lo acogió en rectoría en los tiempos más difíciles, yo creo que era su consentido; ¿y cómo no serlo? a esa edad se es iracundo, idealista, pero pocos eran inteligentes como él; les gana la pasión, la estupidez, la necedad y el orgullo.

Marcelino fue aprendido en la sede del Partido Comunista, su novia y su madre que era maestra y se enteraron que un alumno suyo, era hijo de un general del ejército; de gran calado; lo contactaron para pedirle que lo soltara. Rosa Luz Alegría (novia de Marcelino); la que fue la primera mujer secretaria de Estado, en el sexenio de López Portillo, las lenguas viperinas e inocentes, dicen que eran amantes; y declaro esto, porque en libro de “Orfandad” de “Federico Reyes Heroles una novela donde narra la relación política y sentimental que hizo con su padre; cuenta que a Echeverria le preguntaron en una reunión bohemia: ¿es tu amante la actriz Irma Serrano? Y él respondió: “Tengo malos ratos, pero no malos gustos” con la sonrisa poco estética que le caracterizaba al pobre y cuando le preguntaron a José Lopéz Portillo que, si su amante era Luz Alegría, enfureció y no lo tomo a bien; por supuesto nunca contesto la pregunta.

Lo que no es un rumor y fue una realidad es que, en un arranque de venganza amorosa, porque Marcelino no desistía en tener un perfil bajo y tuvo que huir del país: ella se casó con el primogénito de Luis Echeverria, tuvieron un hijo y diez años después se divorciaron: Y como dijo un bobalicón ex presidente: ¿Ustedes que hubieran hecho?: La mujer que amas, se casa con tu enemigo, te traiciona por los ideales que lucharon codo a codo, tu mamá tiene que ir a suplicarle a un general hijo de puta, que libere a su hijo, que el anda en una silla de ruedas y no se mete en problemas y la condición es si, pero se tiene que ir del país; el que se quedó con tu mujer, amenaza a tu madre de muerte; acto seguido la expulsan y tienen que regresar a su tierra Catuluña, donde salieron huyendo por el franquismo.

El día 18 de septiembre que irrumpe el ejército en ciudad universitaria; Marcelino tiene que abandonar su silla de ruedas, ya que en sus vacaciones se había caído de una altura considerable y tenía jodida la espalda y las piernas, literal huye arrastras por los acantilados de CU, huyendo de aquella emboscada, donde iba a encontrar la muerte; no sé ustedes, pero francamente es para quitarse la vida ante un dolor tan grande. Dirán que soy melodramático, pero Luis Gonzales de Alba otro líder brillante del movimiento, lo hizo, por un amor pasional; con la ventaja que dan los años para cicatrizar las derrotas de la vida, aún de viejo decidio ejercer su libertad y arrancarse la vida.

Marcelino; supo redimirse y enfrentar la suerte contrariada, de ese pozo obscuro, socavón emocional, salen las mejores historias de vida y creo que la vida de Marcelino fue espectacular, aunque no con un final feliz; y permítanme ponerme amoroso: cuando uno sufre en la vida, el desamor, las traiciones, las mezquindades de los tuyos y de los propios, creo que nos hace personas especiales, en nuestras cavidades humanas y miserables, redimimos la vida y la enfrentamos con ahínco.

Quise escribir en una columna política, la vida personal de Marcelino, porque era mi amigo; también porque me enseñó a pensar a debatir, un bagaje cultural bastante extenso y mi cultura musical; se la debo a él.

Días antes de fallecer, si la memoria no me traiciona, me llamo su esposa o colaboradora, me encontraba en una guerra con la Secretaría de Seguridad Pública y el titular me había puesto marca personal, se había empeñado en hacerme la vida miserable y me mando un consejo; el cual no me gusto y tuve la suerte que me lo dijo al aire en su programa de internet: Para tu guerra, tu lucha es David contra Goliat deja la utopía de ganarle a los malos; me dio mucha bronca que “Don Mecha corta” como lo apodaban sus amigos cercanos, me dijera: prudencia.

Acababa de pasar el linchamiento mediático, se había quedado sin trabajo, algunos lo abandonaron, estaba cansado de vivir; mi ímpetu me hizo miope del consejo de un amigo querido.

Por fortuna nos dejó una lección de vida a sus seguidores, amigos, familia y si ustedes lo permiten a sus enemigos y quiero compartírsela: La vida es un sin sentido, existe el caos, el infortunio, la tristeza, el asesinato, las malas personas, los indolentes al dolor humano, no hay final feliz; asumiendo esa realidad pesimista, a los que amamos la libertad, el amor, lo intranscendente pero la indispensable política, un paseo en bicicleta, correr, andar en motocicleta, a una mujer, un hombre, un transexual, una lesbiana y todas esas infinitas variaciones.

Persigan el placer, sean hedonistas, no dejen que nadie gobierne su vida; porque Marcelino ejerció su libertad hasta el final de su vida, abrazo con vehemencia la muerte.

En vida fue generoso, amoroso, bebedor, enamoradizo, se entregaba y contaba chistes espectaculares.

En su largo exilio; el excanciller Jorge Castañeda arreglo para que el pudiera volver, decidió renunciar a una nacionalidad, más prospera y regresar aquí en México, donde el dolor le enseño a vivir, a donde los propios lo envidiaban.

Un apologista del conocimiento, de la intelectualidad, en un mundo donde existe el “couching”, la meditación como forma de arreglar los problemas de la vida, en donde si tú quieres puedes, primero hay que amarse a uno mismo y esos discursos que ha mucha gente le ayudan y otros francamente nos irrita.

El simplemente nos dejó: “La vida en su amargura que siempre viene acompañado de algo dulce” si tu deseo es provocar a tus enemigos, reírte de los caníbales, de la moral progresista que quiso amputar tu espíritu libertario, la jauría que no paro hasta que Benito Taibo lo corrió de Radio UNAM.

La travesía fue pesada, el alcohol fue su refugió y llego cansado al último día que partió de este mundo, pero nos dejó unas últimas palabras en su última columna:
“la cuestión no es astronómica, es ontológica. No se refiere a los pinches planetas, sino a mi pinche condición de ser pensante, se refiere a mis convicciones, a las médulas de mis huesos.

Antes de arder en la hoguera por defender su verdad, Giordano padeció el tormento, pero se salvó de morir como Galileo que, en palabras de Perelló, “sí se arrugó…”
Adiós pinche Marcelino y gracias por no arrugarte.

octubre 4, 2019

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