Columna | Polvo en el Viento|

Por: Alfredo Páez Galindo

El Día de Muertos en México

Por: Alfredo Páez Morales

El Día de Muertos es, sin duda una de las tradiciones más importantes de México, el origen de esta tradición es recordar a todos aquéllos que ya se fueron pero siguen viviendo en nuestros corazones

En el mundo prehispánico, se realizaban ciertos  rituales para mantener un contacto con los difuntos.

Los que habían sido “escondidos” por el Dios Mictlantecuhtli, o que habían ido a Atlan Oztoc, “al lugar del agua, en la cueva”, intervenían en los actos importantes en la comunidad.

Se invocaban para la siembra, la cacería o la guerra, se convocaban en el contexto de ritos mágicos y se evocaban para distintos acontecimientos sociales como los nacimientos, matrimonios y otras ocasiones.

Los finados seguían participando espiritualmente de manera activa al grupo. Los difuntos en el México antiguo eran objeto de veneración y de culto, dependiendo del rango de su desempeño “socio-existencial”.

Así alguien pedía ser objeto de veneración por su familia, la muerte y el nacimiento eran anunciados en la comunidad de manera muy similares, mientras que en el nacimiento de un niño macehual (uno que no era noble) salían niños gritando el nombre del nuevo miembro de la comunidad, cuando alguien moría las ancianas anunciaban mediante lamentos la pérdida de esa persona.

Los lugares de la muerte

Según el pensamiento mexica/azteca, después de morir, una persona podía tener varios destinos:
Mictlán, Tlalocan, Tonatiuh Ichan y Cincalco. En el Mictlán, la región de los muertos, regía el Dios de la muerte: Mictlantecuhtli.

A ese lugar llegaban los que morían de una forma natural o por alguna enfermedad que no tenía un carácter sagrado.

Tenían que pasar por una serie de pruebas hasta que llegaban definitivamente al lugar de los descarnados. En ese sitio iban guiados por un Xoloitzcuintli que los acompañaba en su travesía.

 

Por otro lado en el Tlalocan es le lugar en el que reina el Dios Tláloc, deidad de la lluvia. Allí siempre había comidas y gran regocijo.

Para llegar ahí, uno debía morir por un rayo, ahogamiento, lepra, gota y otras enfermedades relacionadas con el Dios.

A Tonatiuh Ichan, la casa del sol, era el lugar a donde iban los que morían “al filo de la obsidiana“, es decir, en la lucha.

También iban las mujeres que morían dando a luz (eran consideradas guerreras muertas en combate).
Después de 4 años, estos muertos se convertían en hermosas aves (muchas veces colibríes) y bajaban a la tierra para librar las flores.

Por último, los difuntos iban al Cincalco.

Ahí llegaban los amados por los Dioses, que son los niños que mueren en su tierna infancia. Estas criaturas al morir, iban a la casa del Dios Tonacatecuhtli.
Ahí había todo tipo de árboles, frutos y flores. Si los niños habían muerto en la lactancia terminaban en el árbol llamado Chichihualcauhco, que era un árbol que los amamantaba.

El doctor Miguel León Portilla en su libro “La filosofía náhuatl, estudiada en sus fuentes” cita al Códice Florentino cuando se refiere al árbol nodriza:
“Se dice que los niñitos que mueren como jades, turquesas, joyeles, no van a la espantosa y fría región de los muertos (al Mictlán).
Van a allá a la casa de Tonacatecuhtli; viven a la vera del “árbol de nuestra carne”. Chupan las flores de nuestro sustento: viven junto al árbol de nuestra carne, junto a él están chupando”.

Cabe recalcar que las culturas prehispánicas no creían en el infierno, razón por la cual no temían a la muerte.

 

Elementos del altar de muertos

Los elementos que se colocan en el altar de muertos dependen del nivel en que se encuentren, algunos de los objetos que corresponden a cada piso pueden variar de dos hasta siete niveles con el fin de representar lo celestial con el inframundo.

Arco de flores.-
El arco representa la puerta de entrada de los muertos al mundo de los vivos, por eso es tan importante y se coloca en el último nivel del altar, se caracteriza por estar decorada por flores de cempasúchitl, frutas y algunas golosinas.
Las flores de cempasúchil se caracterizan por el aroma que desprenden.

Papel picado.-
El papel picado es una tradición que se conserva de las costumbres aztecas para la elaboración del altar; los colores más empleados son el amarillo o naranja y el morado.

Velas.-
Las velas o veladoras cirios o antorchas se emplean para representar el fuego. Se colocan en forma de cruz apuntando los cuatro puntos cardinales según la tradición prehispánica, esto con el fin de que los difuntos tengan iluminación y puedan reconocer el camino hasta el mundo de los vivos.

Agua.-
En los altares se acostumbra un vaso o jarra con agua con el fin de que el difunto pueda saciar su sed después de un viaje hasta el mundo de los vivos.

Alimentos.-
Los alimentos se colocan para representar la tierra. Se acostumbra colocar semillas, frutos, semillas, cacao, el pan de muerto, las calaveras. Y los alimentos y bebidas que les gustaban a los difuntos.

Incienso.-
Copal, sirve para purificar el espacio y su agradable olor atrae a los difuntos hasta el altar para recibir sus ofrendas y así une lo celestial con lo terrenal.

Sal.-
Es un símbolo para la purificación del alma de todas aquéllas personas o niños que fallecieron sin haber sido bautizados, así como para evitar la llegada de espíritus malignos , la sal se coloca en vasos o en forma de cruz.

El Día de Muertos no es una fecha para llorar, sino para celebrar la vida después de la muerte.

Recordar, etimológicamente significa “volver a pasar por el corazón”. Y si ¿No es eso lo que hacemos, cuándo recordamos a nuestros muertos? ¿No trata de eso especialmente esta festividad?

 

 

octubre 28, 2019

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