COLUMNA | QUE HABLE LA BANDA

Humberto Morgan Colón. Analista Político.
Humberto Morgan Colón. Analista Político.

De la República amorosa a la muerte de los grandes relatos.

En pocos meses hemos pasado de la Republica amorosa a las luchas intestinas y fratricidas, debido a la situación política, económica, social y de seguridad que vive el país. El fenómeno alcanza su mayor expresión en las redes sociales donde un cierto anonimato, permite descalificaciones, injurias, amenazas y balandronadas.

Memes demeritando a una figura pública, a una corriente de pensamiento o categoría social, de las que hemos acuñado para sentirnos dentro o en contra de la llamada Cuarta Transformación. Una conducta que a la larga nos traerá graves resentimientos para cuando haya necesidad de pacificar a la Nación y desafortunadamente todos estamos contribuyendo a ello.

El ruido en la red propiciado por bots o tuiteros pagados por uno u otro grupo para generar tendencia, de la cual los medios de comunicación se cuelgan para estar presentes en la vida pública, sin importar que se difunden falacias, medias verdades o posverdades.

Además de los medios afines al poder y los que luchan contra él, en voz de sus corifeos y comentócratas, nos alejan cada vez más de ser un pueblo que encuentre unido las respuestas a los grandes retos que hoy enfrentamos.

Por supuesto para los políticos de todas las tendencias, es el escenario deseable.

Pues a mayor polarización, menor es la calidad y respuesta de sus Gobiernos, porque las acciones se diluyen entre sus críticos y sus afines, a los cuales no les importa la objetividad de los hechos, sino el demérito o el ensalzamiento de estos, según sea el bando que hemos decidido apoyar.

Probablemente aun no logramos comprender, que los que ostentan el poder, bien sean de derecha, centro, izquierda o de sus extremos, lo ejercen de la misma manera, no importa la geografía política a la que pertenezcan.

Los recursos públicos serán utilizados en acciones y obras, que preferentemente atienden a sus clientelas. Los órganos y dependencias del estado no trabajan con imparcialidad, sino con una clara tendencia de la concepción política que representan.

¿Recuerdan a los fiscales carnales y a los compañeros afines de partido, comandando a los órganos autónomos

Los dineros del estado serán utilizados para crear historias, mitos y personajes para continuar en el poder. Así pasó con el PRI, con el PAN, el PRD y ahora está sucediendo con Morena. Nada nuevo bajo el sol.

El poder subyuga, sublima, corrompe y justifica los medios para mantenerlo, no importa el signo ideológico que se ostente. En las audiencias, en el grueso de la población, genera sentido de pertenencia, intereses de todo tipo y generalmente defensa a ultranza de sus acciones, o bien, criticas desmesuradas en contra de él.

Salvo contadísimas y honrosas excepciones, es la historia de la humanidad.

Aunque en la tradición de la izquierda Latinoamericana, nos hemos creado grandes mitos desde la década de los años sesenta para sostener que el socialismo es el fin último, el telos de la historia, para vivir en plenitud con el
Gobierno del Pueblo. La realidad ha demostrado en Europa con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y con el bloque de países de Europa Oriental, muchos ya extintos y en América, con Nicaragua, Venezuela, El Salvador y Cuba entre otros, que no se han propiciado las condiciones para que estos regímenes prosperen en la libertad y el desarrollo que prometen.


De la misma forma en Norteamérica, con el capitalismo y el neoliberalismo, no se han propiciado las condiciones para la construcción de sociedades democráticas, libres, igualitarias y sin disparidades sociales. Lo cierto es que aún, ni uno ni otro sistema político, ha encontrado los mecanismos que permitan la dignidad, libertad y plenitud en la convivencia, el desarrollo y la armonía de sus habitantes.

¿Entonces porque peleamos por una tendencia u otra, si las dos han demostrado su imposibilidad para cumplir lo que prometen?

El filósofo, Jean Francois Lyotard, en su libro “La Posmodernidad (explicada a los niños)”. En una parte central denominada “Misiva Sobre la Historia Universal”, decreta la muerte de los cuatro grandes relatos que se han impuesto en el mundo Occidental. Es decir, la muerte de las cuatro grandes historias que han acompañado a nuestras sociedades.


La primera, es la muerte del relato del Cristianismo, en el cual Dios manda a su hijo a sufrir y a morir por la redención de los hombres. Esa muerte genera la promesa divina, que expresa que todos los hombres encontraran en el reino de los cielos el espacio de plenitud y la vida eterna.

La segunda, es la muerte del relato Marxista, donde sintéticamente argumenta la extinción del feudalismo a manos de la burguesía, de la cual surge el proletariado y éste, derrota a la burguesía. Estableciendo el estado de plenitud con la sociedad científica y sin clases sociales.

La tercera, es la muerte del relato del Iluminismo, el relato de las Luces, aquel que con el surgimiento de la divinidad de la Razón, durante las filosofías de la revolución francesa, pone a la Razón como Diosa de la historia. Con lo cual se cree, que ésta va a llevar a los hombres a un mundo de profunda racionalidad, en el cual se desterrará a la ignorancia y arribará el estado de plenitud del conocimiento y la cordura.

La cuarta, es la muerte del relato del Capitalismo, basado en la economía y su avance incontenible, que implica una prosperidad para todos. Este relato promete que vamos a llegar a un momento de la historia, en que la abundancia nos va a alcanzar a todos. Estableciendo un estado de plenitud y desarrollo material.

Como observamos, las cuatro grandes historias establecidas por Lyotard expresan una visión teleológica (que va hacia un fin) de la historia. Los cuatro grandes relatos marcan una teleología inevitable, algo que inexorablemente se va a cumplir. No obstante, las cuatro grandes interpretaciones de la historia sirven para legitimar los sustentos ideológicos de cada uno de los relatos.

El gran relato marxista legitima la revolución del proletariado, esencial para llegar a la plenitud de la sociedad sin clases. El gran relato capitalista, legitima la economía de libre mercado, esencial para llegar a un estado de plenitud, en el que la prosperidad va a alcanzar para todos. El gran relato iluminista, legitima la razón, como divinidad en la que llegaremos a un estadio racional, en el que seremos plenamente felices y consientes.

Y el gran relato del cristianismo, legitima un espacio de plenitud, más allá de este mundo de sufrimientos y pecados capitales.

Las cuatro grandes historias occidentales, nos conducen a un espacio de plenitud,  en el cual ya no habrá padecimientos. Se completará así, el fin último del decurso de la historia, de su devenir. Es la promesa del destino inexorable del bienestar de la humanidad.

Cosa por lo visto imposible de cumplirse en este mundo terrenal, por lo que cada relato es una interpretación metafísica de la historia, es decir, de lo que ésta más allá de las condiciones naturales, por lo que solo se establece
como promesa, como una utopía, con parcialidad de los hechos.

Por ello, debemos preguntarnos si vale la pena pelearnos entre nosotros por cuentos del más allá, que engrandecen a una clase política que ha quedado a deber por sus magros resultados y por desunirnos para que sigan gobernando a un pueblo creyente y fanatizado por una u otra ideología.

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