¿Cuidémonos, el coronavirus es real y está aquí?

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA/ QUE HABLE LA BANDA

El México mágico, el surrealista, el que cree en complots y en historias que son inverosímiles para otros pueblos. El del sospechosísimo, el que va de la mano con la irresponsabilidad social y la ambigüedad en la información oficial. El pueblo onírico, el que sueña con anhelo en un gran futuro para el país, pero en ese sueño, muchas veces imaginando se queda dormido y, ya no distingue la realidad.  El pueblo que se fanatiza votando copiosamente por un gobierno, pero irónicamente no le cree cuando este emite recomendaciones para cuidar su vida y la de sus familias.

Ese pueblo que habla directo en los barrios, de manera frontal en el norte y aunque un poquito más rebuscada en el sur, le gusta decir lo que siente. Sin embargo, ante un hecho inédito como la pandemia que nos azota, millones de personas, deciden no cuidarse, no tomar precauciones. Porque en su imaginario, la enfermedad no existe, es una mentira, es cosa de políticos y de una guerra comercial lejana entre China y Estados Unidos, que no nos va a alcanzar.
Y en efecto, hay que ganarse la vida vendiendo en el tianguis, en la esquina de la calle, en la tiendita, en el taller mecánico, en el mercado, afuera de la casa. O yendo a la oficina, a la fábrica, a las tiendas de conveniencia y a las obras de construcción a trabajar. Pero ¿pará que cuidarse, para que usar cubrebocas, y sin él, para que acatar alguna recomendación? Además, si de algo hay que morir, pues ya estará de Dios…

El comentario viene a cuenta como una preocupación de muchos ciudadanos que vemos la disparidad con la que atendemos las recomendaciones sanitarias. Confieso que para mí, es todavía más inquietante, después de que en los últimos días me enteré de la muerte de 16 personas que fallecieron por afecciones relacionadas con el coronavirus. Todos amigos, conocidos, familiares indirectos, hombres y mujeres con los que me encontré en algunos episodios de la vida, y ahora sé por sus seres queridos que el Covid 19, les ganó la batalla.

La incertidumbre se origina también, viendo la frenética movilidad y la indolencia de miles de personas en el pueblo de Santa Fe y otros barrios más de la alcaldía Álvaro Obregón en la capital del país, que no respetan las indicaciones derivadas de la cuarentena.

Fenómeno que se repite en innumerables colonias de la zona metropolitana del valle de México. En las que el mensaje no ha llegado, la información de las autoridades sanitarias es menospreciada, y el impacto mediático que hoy tiene el subsecretario Hugo López Gatell, no sirve para motivar el ejercicio de las medidas de restricción.

Por el contrario, la comunicación es inversamente proporcional para fijar en la mente de estas personas, las recomendaciones, Cuídate y quédate en casa.

En realidad, esto es parte de lo inverosímil de la política mexicana, pues los hombres del momento en los medios, los que acaparan la palabra cotidianamente, los de la tribuna más alta, parecen no tener el poder de persuasión, ni la confiabilidad para anclar mensajes que adviertan a la gente del riesgo de la epidemia.

Da la impresión de que, aunque se celebren un centenar de mañaneras o cien y una sesiones de la llamada telenovela del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, la gente no escucha o no asume la información como fiable. Ante la saturación de contenidos informativos, el efecto resulta al revés. No creo, no hago caso y no me importa, potenciándose la transmisión del virus con este desdén.

No obstante, no todo es responsabilidad de la gente, pues ante una batería de mensajes contradictorios, a veces difusos, más como un espectáculo televisivo, que con la certeza del experto y del científico, sumado a la gran credibilidad que sí le otorgan miles de personas a las redes sociales, los ciudadanos optan por no saturarse con datos insufribles  y prefieren no meterse en honduras para investigar la letalidad y los efectos del coronavirus, llevando su vida a ocuparse de otras preocupaciones, de otras aflicciones como comer, pagar la renta y los gastos pendientes.

Sugiero, sin minimizar la responsabilidad de todos nosotros, que podamos hacernos estas y otras preguntas, para tratar de explicarnos el fenómeno. ¿Cuáles son los motivos por los qué no se toma en serio la gravedad del asunto, que mecanismos mentales y emocionales nos evaden de un enemigo que nos acecha? ¿Cuál es la credibilidad que se tiene en las autoridades? ¿Es esta la muestra del fracaso de su capacidad para procurar gobernanza, para conectar con su pueblo? ¿Cuáles son los resortes que paradójicamente motivan la inmediatez y la omisión, y no vislumbran el día de mañana, el futuro mediato?

Cada uno puede responder desde su óptica y su experiencia, pero dada la idiosincrasia de los mexicanos, creo que existen tres factores que ha explicado puntualmente la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, jefa del Laboratorio de Genética de la UNAM, que dan cuenta del manejo inadecuado y faccioso con el que se ha conducido el subsecretario López Gatell. Personaje al que el presidente Andrés Manuel López Obrador le confió el manejo de la crisis y que sin duda ha generado confusión, polémica y hartazgo.

El primero, es la continua descalificación de medidas preventivas simples pero efectivas como el uso del cubrebocas, que en verdad no es el instrumento para reducir al cien por ciento los contagios, pero si es una herramienta de protección y constituye un símbolo, una señal que nos alerta, al vernos con él en la calle, que no estamos en un momento de normalidad.

La segunda, la reiterada desinformación al sugerir que los portadores asintomáticos del virus no pueden contagiar a otros, esa ambigüedad con la que quiso ocultar el contagio exponencial para defender a capa y espada el modelo centinela, un modelo que sirvió para medir la influenza, no un virus más agresivo y con afectaciones multiorgánicas en los seres humanos.

La tercera, la insistencia en que la realización de las pruebas diagnósticas masivas no tiene utilidad alguna, esta declaración resulta contradictoria, pues los países que emprendieron a tiempo y con eficacia las acciones de contención, sustentaron sus decisiones en miles de pruebas.

Aún con estas garrafales inconsistencias, no termina con la emisión de información bizantina, por el contrario, la intensifica. Ahora hemos escuchado y leído palabras del presidente, sugeridas por el subsecretario: ya aplanamos la curva, ya vemos luz al final del túnel.

Frases dichas en un momento desafortunado e inoportuno, en la semana que se ha denominado pico, la de mayores contagios de la pandemia, en la que solo en un día fallecieron 236 personas. En contraparte, valoramos los esfuerzos de la jefa de gobierno, para poner en marcha cuatro nuevos hospitales para atender a las personas infectadas, lo que nos permite preguntar. ¿En verdad, ya vamos de salida, o entrando en un túnel con mayores laberintos?

Al final de ese túnel, habrá evaluaciones y responsables de las decisiones tomadas. Tal vez por ello, ahora el subsecretario, se quiere montar en los esfuerzos que hicieron los gobiernos de Jalisco y de Nuevo León en Guadalajara y Monterrey respectivamente, para que sumen a favor de su errática estrategia.

Por cosas como estas, el filósofo y escritor Arthur Schopenhauer expresó, La realidad no es la que nos representamos o pensamos, sino que es profundamente absurda.

https://mexicoviral.mx/el-coronavirus-existe
mayo 7, 2020

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