Se cumplen 42 años de la aparición de las bandas juveniles en el país (IV)

Por: Humberto Morgan Colón

Humberto Morgan Colón. Analista Político.
Humberto Morgan Colón. Analista Político.

COLUMNA/ QUE HABLE LA BANDA.

 

Las consecuencias.

 

Jesús Reyes Heroles, jurista, político e historiador mexicano, expresó después de los trágicos acontecimientos del movimiento estudiantil de 1968, que deberíamos tener cuidado para no despertar al México bronco que dormía desde la Revolución Mexicana, pero que en cualquier momento podía despertar y manifestar su enojo por los errores de la clase política. 

Dicha expresión confirma las peligrosas y violentas consecuencias que se provocan, cuando la gobernabilidad de una nación o entidad se trastocan por sucesos que dan pie a la manifestación de expresiones sociales de hartazgo, represión, deterioro de la calidad de vida y el menoscabo de los derechos fundamentales de las personas. Esto, como respuesta a la incapacidad de los Gobiernos para erradicar las injusticias y mejorar las condiciones sociales.

En este periodo en particular, la historia registra diversos episodios sombríos en los que la corrupción, la voracidad y los intereses de los grupos de poder en turno, perturbaron los equilibrios de la convivencia democrática. Con ello, la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades, se convirtieron en terreno fértil para la insurrección social y la movilización violenta, en particular, la de los jóvenes.

La manifestación de estos primeros adolescentes organizados en bandas juveniles se desarrolló en el corredor territorial que da inicio en avenida Constituyentes, a la altura del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos, Lázaro Cárdenas, la Vocacional No. 4. De esta escuela hacia el oriente, baja hasta la intersección con avenida Observatorio, donde se bifurca y corre paralelamente con Constituyentes. 

Del lado norte de las vialidades, se encuentran las tres secciones del Bosque de Chapultepec. En el otro extremo, al margen sur de avenida Observatorio, se localizan las colonias Hidalgo, La Palma, Las Américas, Cove, Bellavista y Tacubaya, contigua a Escandón. La calzada Observatorio es la frontera entre las alcaldías de Miguel Hidalgo y de Álvaro Obregón. La primera se encuentra al norte de la vialidad y la segunda al sur.

En el espacio intermedio formado por las avenidas, se encuentran las colonias 16 de septiembre, América y Observatorio, que alberga a la Escuela Nacional Preparatoria No. 4, “Vidal Castañeda y Najera”, además de la Daniel Garza, que colinda con el Anillo Periférico. 

Colonias construidas como resultado de la ampliación de la antigua municipalidad de Tacubaya, que en 1928 dejo de ser pueblo y se convirtió en otro de los barrios de la ciudad. Extendiéndose hacia el poniente sobre el camino Real a Toluca, a donde paulatinamente llegó una población migrante y pobre, ocasionando el desplazamiento de las familias ricas de la zona hacia las Lomas de Chapultepec y a la Condesa. Desde entonces se creó la leyenda negra de Tacubaya, particularmente en las colonias cercanas al colegio Columbia y al hospital ABC.

 

Alrededor de 1940, con el auge de las invasiones en la zona, el gobierno del Departamento Central amplió la avenida Observatorio hasta llegar a la entonces llamada Madereros, hoy Constituyentes. Con lo que se propició la urbanización del polígono y 38 años después, fue escenario del nacimiento de las Bandas Juveniles.

Sobre el eje de Camino Real a Toluca, también se fueron conformando diversos asentamientos, desde Las Paralelas, La Unidad Habitacional Santa Fe, El Cuernito, María G. de García Ruiz, Lomas de Becerra, Zenón Delgado, Las Cuevitas y las colonias que hoy conforman el pueblo de Santa Fe, el mismo fundado en 1531 por Don Vasco de Quiroga. El Pueblo Hospital Escuela, inspirado en la utopía de Tomás Moro.

La sedición juvenil de los pobres inicio sin discursos ideológicos, con actos violentos y en muchos ocasiones delictivos. Sin respeto a las leyes, ni a la moral de la época y con un vehículo cultural como eje de protesta, el rock contestatario, el heavy metal, el punk o el progresivo, en compañía de las excitantes narraciones de los movimientos estudiantiles, las guerrillas urbanas y las de las sierras de Guerrero y Oaxaca. 

Factores que potenciaron las inquietudes y capacidades de sus líderes e integrantes para dar forma a las bandas juveniles, que enfrentaban a la vida, sus vidas. Primero pandilleros y luego guerrilleros (Veneno de los Salvajes).

Las bandas juveniles eran similares, más no homogéneas, pertenecían a un espacio urbano contiguo y aun tejido social determinado, por lo que muchos percibieron que estos grupos eran una matriz que se repetía reiteradamente en todos sus aspectos. Por eso, se les tipificó por igual como delincuentes o se les categorizó a todos los jóvenes de la época que conformaron estas bandas, como Panchitos, aunque pertenecieran a la BUK, a los Verdugos o a los Flexi Stones. 

La opinión pública tuvo la certeza que los jóvenes de los barrios pobres del poniente de la ciudad eran idénticos, clones con personalidades repetidas o bien despersonificados.

1978, es el inicio de una etapa de violencia y beligerancia juvenil que se prolongó hasta 1985 y en la que diversos grupos juveniles de colonias y barrios del poniente de la ciudad de México se manifestaron a través de multitudinarias e inéditas riñas entre bandas juveniles y refriegas con la policía.

 

La violencia generada por sus condiciones de desigualdad, desorientación y falta de oportunidades, sumieron a la ciudad en una ola trágica de robos, represión policiaca y muerte. 

Los noticiarios televisados, los titulares de los diarios de circulación nacional y los semanarios de nota roja, informaban cotidianamente de la cruenta lucha que se libraba en las calles de la metrópoli: jóvenes quemados por bombas molotov, acuchillados, golpeados sin compasión, diezmados por las batallas campales, asesinados y desaparecidos por los cuerpos públicos de seguridad. 

Robos a pequeños establecimientos, a transeúntes, a camiones repartidores. Automóviles con parabrisas dañados y carrocerías abolladas, casas con vidrios rotos, afectadas por bombas molotov y piedras arrojadas a sus interiores, en las incursiones de bandas rivales en colonias ajenas. 

Además del recurrente secuestro de autobuses del sistema de transporte público de la extinta Ruta 100, con los que se trasladaban de sus barrios periféricos a zonas comerciales de clase media y a colonias de alta plusvalía residencial.

Hechos, con los que se generalizó a la juventud de las barriadas, tipificándolos a todos, como delincuentes o como drogadictos sin control, intensificándose en las clases medias y altas, el miedo y recrudeciéndose el rechazo a éstos adolescentes, asumiéndose con un racismo exacerbado. Racismo que se tradujo en descalificaciones y en estigmatización.

Paradójicamente ante la estigmatización, el fenómeno cundió y se contagió exponencialmente, dando paso a la conformación de miles de bandas juveniles en la ciudad y en la zona conurbada, con características e identidades similares. 

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Ante el rechazo social, los jóvenes prefirieron ser desacreditados y perseguidos, a renunciar a sus grupos juveniles y a las manifestaciones contraculturales y de oposición al estatus quo, que creaban y ejercían para mostrar su malestar por la desigualdad social y contra el fracaso de un gobierno que absorto en la efímera riqueza petrolera del país, no pudo ofrecerles educación, empleo, ni expectativas positivas de desarrollo. 

El fenómeno se generalizó, se extendió, se multiplico, permeando a la sociedad capitalina de la época, que se debatía entre el temor, la angustia, la indignación y la crisis económica.   

 

octubre 29, 2020

Un comentario en “Se cumplen 42 años de la aparición de las bandas juveniles en el país (IV)

  • el octubre 29, 2020 a las 3:42 pm
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    Ex elenco o siempre

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