El Tren Maya: entre la oposición y la controversia

Por: José Ramón Pedraza García

 

Desde inicios de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador, dos obras de infraestructura se han posicionado en el ojo del huracán por diversas razones; la primera es el Aeropuerto de Santa Lucía, la cual requirió la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en el Lago de Texcoco, y la otra es la construcción del Tren Maya, el cual ha tenido la oposición de varios sectores indígenas del sureste de México y de un grupo guerrillero famoso a nivel mundial que le ha declarado la guerra a esta construcción: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El desarrollo del sur de nuestro país es una deuda importante heredada por muchas administraciones durante la historia moderna de México, sin embargo, es necesario que este desarrollo sea sostenible y que tenga el menor impacto a una de las zonas ecológicas más importantes para la nación y el continente americano en general.

Los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Guerrero son los que presentan un mayor índice de pobreza a nivel nacional, esto según el Anexo Estadístico de Pobreza en México del Consejo Nacional de Evaluación (Coneval), con cifras presentadas hasta 2018 en un periodo de tiempo correspondiente a diez años.

Esta situación requiere que las políticas públicas tengan especial atención en el desarrollo de sus pueblos, siempre con una base de sustentabilidad.

 

¿Qué es el Tren Maya?

El Tren Maya, como mencionamos anteriormente, es uno de los proyectos más importantes de la administración obradorista, el cual busca generar el desarrollo tanto industrial como turístico en los estados del sur de México.

Según lo señalado en la página oficial este es un “Proyecto integral de ordenamiento territorial, infraestructura, crecimiento económico y turismo sostenible”. El tendido completo “Conectará las principales ciudades y circuitos turísticos de la región para integrar territorios de gran riqueza natural y cultural al desarrollo turístico, ambiental y social en la región”.

En este sitio de internet también se indica que “El 95% del trazo del Tren Maya pasará por derechos de vía existentes”, con lo que se implica que “gran parte de la ruta está libre de árboles y vegetación que se retiraron previamente para permitir el paso de carreteras, tendidos eléctricos y líneas de ferrocarril”.

El Gobierno Federal espera con este proyecto generar empleos y detonar la economía de la región, además de desarrollar la infraestructura.

Aseguran que este proyecto se apega a la ley y al Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales, razón por la cual se realizó  la consulta a los pueblos originarios para conocer su punto de vista y en la cual el proyecto férreo salió victorioso el pasado 15 de diciembre, cuando se aplicó en los estados de Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco.

Según lo señalado por la federación, el Tren Maya cuenta con la asesoría de ONU-Hábitat y de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS, por sus siglas en inglés), con lo cual se pretende dar validés a la construcción de este megaproyecto del sur del país.

Se espera que, para el inicio de la puesta en marcha del Tren Maya, planeada para el 2024, el proyecto cuente con un total de mil 460 kilómetros de vías tendidas y 16 estaciones a lo largo de la vía.

El funcionamiento de este transporte de pasajeros se plantea realizar por medio de contratos de inversión mixta, por lo que también estarán participando empresas privadas.

enero 11, 2020

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