[Vídeo] Mercado de la Merced busca recuperar clientes luego de los incendios

Por: Orlando Ramírez Chávez

 

 

 

Tras el incendio del pasado 24 de diciembre, locatarios del mercado de la Merced sufren los estragos del siniestro en víspera de año nuevo, fecha que solía ser temporada fuerte. Al llegar al complejo de la puerta 23 a la 25 todos los vendedores buscan, atentamente, llamar tu atención. No tienen ventas.

Esta parte del mercado también tuvo secuelas por el incendio. Los primeros puestos que se encuentran saliendo del metro La Merced de la línea 1, todos, están iluminados y la gente transita con normalidad, cosa contraria a unos pasillos más adelantes. Casi siendo las 12 del día pareciera que los vendedores apenas se están estableciendo, llegando a prender luces y colocar mercancía. Hay calma. Ella, también se debe al incendio, no hay energía eléctrica.

Un sonido molesto se apodera de toda la sección, un constante “truck, truck, truck” va acompañado del zumbido similar al que genera una bomba de agua. Están usando transformadores portátiles de energía que, si bien ayudan a evitar que la poca gente que llega se vaya pensando que no hay puestos por la obscuridad, también reduce aún más las ganancias de cada vendedor.

“Aquí en el puesto pago de 250 a 300 pesos por día por la gasolina que hace funcionar el generador, pero porque lo compartimos” dice la señora María mientras despacha solo un cuarto de almendras. De lejos, una cuarta parte de lo que antes solía vender en un día. Con voz baja, asegurándose que otro locatario no esté cerca, indica que a esa cantidad se le suma la cuota que se les cobra.

¿Se les pide cuota por vender en su propio puesto?, pregunto como si solo fuera un comparador más. María afirma con la cabeza y lanza “imagínese, estamos pagando por no tener luz y por no vender”, se calla y cambia el tema cuando su esposo llega.

El señor Gustavo, que vende semillas y pulpas, por su parte, comentó que el se gasta de 20 a 30 litros de gasolina diarios y que en valor monetario representan un aproximado de 600 pesos diarios o 4 mil 200 a la semana.
“Es difícil organizarnos porque si nos cooperamos para un transformador a unos locatarios de puestos chicos no les va a parecer que los de puestos grandes usen más focos y paguen lo mismo”, agregó el vendedor.
Los locatarios de la puerta 23 a 25 fueron el daño colateral del incendio, sus puestos están intactos, pero también su mercancía. No se vende.

A las afueras del mercado

Caminando entre pasillos concurridos, obscuridad y vendedores se llega a la calle Rosario, a las espaldas del complejo mayor del mercado. Caminar es difícil pero no imposible, a la vista saltan los precios de remate de los ambulantes y uno que otro afectado del incendio que tuvo que salir para tratar de vender su mercancía antes de que se eche a perder.

El olor de los tacos de canasta y barbacoa es notable, pero con él viene un aroma fétido, insoportable, o al menos para los que no están ahí a diario.

Sobre Rosario hay dos montículos de basura orgánica, a simples cálculos de una tonelada cada uno. A unos pasos del primero una señora intenta vender limones, muy verdes, redondos y bonitos, pero el olor de la basura que les rodea evita que la gente se acerque a preguntar, aunque sea, por el precio.

Rigoberto Moran, por otra parte, es vendedor del mercado desde 1975, indica que después del incendio del 2013 los acomodaron en el tapial de la puerta 18 para poder continuar con sus ventas y sin embargo, tras una remodelación que hasta la fecha no llega se dio otro incendio que literalmente lo dejó en la calle.

“Tras este incendio me dejaron en la calle, bajo la carpa 1 de la puerta 12 que el gobierno instaló” dijo. La carpa es ancha y alta, se ve de buena calidad, pero al igual que sus compañeros de la puerta 23, 24 y 25 no tiene electricidad. Sus conexiones no funcionan.

“Mis ventas bajaron un 80 por ciento y hoy para año nuevo me llegó nada más un cliente”, explica el vendedor mientras acomoda sus bolsas de Jamaica para hacer el puesto un poco más atractivo. Sin embargo, aunque está en la calle, le dieron lugar hasta el fondo, detrás de los ambulantes y de otros vendedores jóvenes. La gente a penas y se acerca a ver sus productos.

El señor Rigoberto antes, en las mismas fechas llegaba a vender hasta mil pesos diarios, un día antes de año nuevo solo vendió 200. “Eso solo es lo vendido porque no es ganancia”, remata.

Caminando unos pasos al frente del señor Rigoberto se encuentra Jaime Hernández Morales, aparentemente en un mejor lugar, la gente pasa en frente de el pero poco logra vender. El explica, como todos, que las ventas han bajado, en parte por culpa de medios de comunicación.

“Los grandes medios hicieron creer que este incendio fue el más grande y por eso la gente no viene, piensa que la Merced ya no existe, pero aquí estamos y atendiendo bien”, indicó. Su actitud le ayuda, es amable y atento, vende mamey, maracuyá, y diferentes pulpas de fruta, no sabe hacer otra cosa, toda su vida ha sido vendedor.

En el interior del mercado, algunos locatarios indicaron que la luz va a llegar en dos semanas, a las afueras indican que la remodelación tras el incendio estará en 6 meses. Se basan en información que ha dado la Jefa de Gobierno y mientras tanto su futuro es incierto y sus ventas son bajas. A su incertidumbre se le suman las vacaciones de la administración, del mercado, al buscar al responsable dijeron que regresa hasta el próximo jueves 10.

enero 1, 2020

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