Esa raza no es Morena

Por: Rosalía Vergara

Reportera de la Revista Proceso
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Columna #NoPolitices

 

Como dice la canción: “La morena quiere más, la morena pide más”, pero en este caso, conflicto.

Ojalá fueran con el presidente del país que ha sabido moverse en el conflicto, lo ha bateado como sus entrenamientos de beisbol y ha nadado a contracorriente, como pez en el agua, para bien o para mal.

Este 12 de octubre, Día de la Raza, López Obrador se deslindó de esa raza morenista aquella que repelaba en sus discursos cuando decía que no se trata del “quitate tú para que me ponga yo” o de acceder “al poder por el poder” o solo buscar un cargo público para enquecerse.

Nooooooo, con ese tonito que lo caracterizó en tantos mítines cuando hablaba de las tranzas del PRIANRD.

En mi columna pasada escribí que todos los partidos políticos son iguales, pero igual y erré, algunos son peores.

En el caso de Morena se está esforzando mucho por parecerse al Partido de la Revolución Democrática (PRD) el cual, desde 2006, es una burla a sus siglas y una vergüenza como oposición, la cual siempre han sido al lado de su mejor gestor, postor, aportador o apostador.

Si ellos mismos hablaban de que sus corrientes eran franquicias, que tenían partidos dentro del partido, que cuando se desmayaban no volvían en sí, sino en no, porque eso les dejaba, estar contra todo lo que no les conviniera.

Y ahora los morenos de Morena se han palidecido tanto como el añarillo del sol azteca.

Apenas el 2 de octubre, López Obrador se refirió al conflicto de morensa y consideró que “es mucho pueblo para tan poco dirigente”.

Sus comentarios son el reflejo de la opinión de mucha gente, que Morena no tiene dirección, mucho desbarajuste. Siguen enfrascados en la búsqueda de una dirigencia desde hace más de un año.

En las encuestas no votan por el líder, sino por el partido y es algo que ni Porfirio Muchos Ledo ni Mario Delgado han entendido porque la soberbia los enceguece.

 

El presidente pidió a los dirigentes a estar a la altura del pueblo pero ¿sabrán qué es lo que quiere el pueblo?

Dejando la guerra sucia electoral atrás, la cual no se detuvo ni con la pandemia de Covid-19, pensemos en un año atrás, cuando todo este desbarajuste empezó.

Fue cuando se realizó el VI Congreso Nacional Extraordinario de Morena para quitar a Yeidckol Polévnsky que hasta ahorita calladita se ha visto más oportunista.

En ese entonces era presidenta, secretaria federal y protagonista de una telenovela de la vida real llamada @LaDueñaDeFactoDeMorena
Se nombró como presidente al diputado con licencia Alfonso Ramírez Cuéllar que que, me disculpará porque es un buen tipo, pero brilla por su ausencia en este asunto. Se tomó muy en serio la inexistente figura de interino en los estatutos del partido.

Yeidckol Polévnsky quiso descalificar el proceso con la futira que otorga un la suma de un tuit y un tazo, un tuitazo.

Escribió entonces que el Comité Ejecutivo Nacional, en el cual ella era juez y parte, era el único órgano de dirección del partido.
Por otro lado, en un comunicado, Morena celebró su “unidad” en la toma de decisiones a favor de la Cuarta Transformación y sonaron los violines y todos lloraron. Fue hermoso, dijeron.

Pero qué triste realidad nos ofrecieron los morenos que, cuando ya se debió elegir al dirigente, estan como cuando Jesús Ortega se peló con Alejandro Encinas por la dirigencia del PRD o como cuando Vicente Fox no quería a Felipe Calderón como presidente o cuando Ernesto Zedillo le entregó la presidencia al PRI en el 2000 o cuando todo se volvió tan poco serio como el voto en tiempos del PRIANPRD.

A estas alturas del partido –del mio, de vida–, creo que Yeidckol Polevnsky lo logró. Hizo todo lo posible para boicotearlos, arruinarlos, desprestigiarlo, desfondarlo, desañilarlo y como en toda injusta electoral, con el aval del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Federal del Poder Judicial de la Nación (TFPJN)

¿Qué hizo Polevnsky?
En agosto de 2018, el V Congreso Nacional de Morena le encargó actualizar el padrón de militantes para hacerlo confiable y renovar la dirigencia.

Once meses después nombró al secretario de Organización para hacerse cargo de esa tarea, pero era demasiado tarde, por lo que se tuvo que posponer el VI Congreso Nacional para renovar los órganos de dirección.

Se ordenó crear el Instituto Nacional de Formación Política, a cargo de Rafael Barajas “El Fisgón”, el cual también se encargó de boicotear.

No había reuniones del Comité Ejecutivo Nacional, el Consejo Consultivo tampoco lo hacía. Polevnsky incumplía las resolciones del Consejo Nacional, desconocía sus resoluciones, la acusaban un día si y el otro también de no soltar los recursos del partido para el partido.

El Consejo Nacional y el Comité Ejecutivo Nacional convocaron a Congreso Nacional el 30 de noviembre. Polevnsky aceptó y luego faltó a su palabra, traicionándose a sí misma, negando sus propios acuerdos, al viejo estilo de: “lo pensé o lo dije”.

En cambio, al puro estitlo del PRD de los “chuchos”, Polevnsky ha juidicalizado la vida interna del partido, cuestionó la validez del padrón de Morena.

Desconoció el V Congreso, intentó eliminar las aspiraciones de militantes a la presidencia nacional y se incribió como candidata, para quedarse en Morena como el loquito del periférico y evitar la elección de noviembre de 2019.

En ese momento creí que solucionarían sus conflictos para no caer en el gatopardismo. Pero cayeron pero también lo transformaron, no, una ni dos, sino tres veces en algo que no son y a la cuarta transformación partidista se pueden ir al basurero de la historia como dice ya saben quien.

PD: En la columna pasada escribí que si no ganaba don Porfirio Muñoz Ledo no sabría qué hacer con mi voto. Si, ya sé qué hare, pero no lo expondré porque es secreto.

octubre 13, 2020

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