El Talón de Aquiles del Gobierno de AMLO, es la atención a los jóvenes

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA/ QUE HABLE LA BANDA


Los programas de asistencia social orientados a la juventud mexicana son insuficientes, no responden a sus expectativas, ni a sus necesidades. Con el fracaso de la iniciativa Jóvenes Construyendo el Futuro, la inseguridad, la violencia y los homicidios dolosos, seguirán al alza.

 

En el inicio de esta Administración federal, se contabilizaban más de 6 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años sin oportunidad de estudiar, ni trabajar. Para atenderlos, se configuró el programa insignia de la 4T para este sector, Jóvenes Construyendo el Futuro, que en un principio estimó una cobertura de 2.6 millones de beneficiarios, los cuales recibirían un apoyo económico de 3,600 pesos mensuales, con objeto de capacitarse durante un año en empresas solidarias y al término de su instrucción, obtendrían una plaza formal.

 


Por desgracia, la iniciativa resultó un desastre, plagada de corrupción e incapacidad para ampliar sus metas. Un botón de muestra es la auditoría 15/2019 del Órgano Interno de Control de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, efectuada al primer año del programa. En ella, se inspeccionaron 91 casos de jóvenes que recibieron la ayuda para capacitarse en empresas privadas, instituciones de Gobierno y con personas físicas.

De los 91 expedientes revisados de manera aleatoria, en 50 se encontraron anomalías. En 25 casos no se acreditó el domicilio del centro de trabajo, con lo que se infiere que son “empresas fantasmas”. Un expediente reveló que el domicilio donde se vinculó al becario no coincide con el comprobante del centro de trabajo o no es legible. En 7 casos más, el centro de trabajo no demostró su capacidad operativa, ni condiciones adecuadas para recibir a los becarios, pues el número de beneficiarios es mayor, al número de trabajadores de dicho centro, además de que los espacios físicos son insuficientes, para albergar a las personas reportadas.

En 21 expedientes, no se encontraron identificaciones del representante legal del centro de trabajo o se anexaron de manera apócrifa. En otro caso, el becario se dio de baja acusando que el centro le pidió dinero y la empresa siguió dada de alta y en otro más, no se encontró el contacto del capacitador. Además, en tres casos no hay registros de las evaluaciones mensuales realizadas por el becario. En cuatro casos, no existe evidencia que acredite el nivel académico mínimo establecido en el plan de capacitación del becario, entre otras anomalías.

Aun con ello, en su informe del 1 de diciembre de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador comentó, que “Jóvenes Construyendo el Futuro ha dado trabajo como aprendices a 930 mil jóvenes que antes eran discriminados y calificados de ninis”. En el periodo que reportó, el presupuesto del programa ascendió a 22 mil millones de pesos. Pero ahora, además del fracaso operativo, se le han sumado dos circunstancias más para terminar de restringirlo: el recorte presupuestal generado por la severa crisis económica y los efectos de la pandemia. Con lo cual, se prevé que para 2020, solo se otorgaran becas a un poco más de 500 mil jóvenes.

Estos resultados y las constantes denuncias de corrupción de la iniciativa explican por sí misma su inviabilidad. Lo que contrasta dramáticamente con uno de los ejes de la política de seguridad del Gobierno, en el que el presidente ha manifestado en reiteradas ocasiones, que, para lograr la pacificación del país, se atenderán las causas de la pobreza y se fortalecerán los apoyos a la juventud, evitando con ello, el tránsito de los jóvenes a las filas de la delincuencia y a las organizaciones criminales.


Sin embargo, en una reciente investigación del Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES), se estima que la contracción económica relacionada con el COVID-19 generará un aumento de 4.3 millones de jóvenes de 15 a 29 años que no estudian ni trabajan. Con este incremento, los jóvenes en esta categoría ascenderán a 10.6 millones hacia junio del 2020. Por lo que el impacto real del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, será del insuficiente 5 por ciento en este sector.


Si tomamos en consideración algunas de las conclusiones de la 93ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, denominada Promoción del empleo de los jóvenes: abordar el desafío. Comprenderemos que el desempleo y el subempleo, especialmente en los jóvenes, tienen un alto costo social y humano. Un desempleo prolongado en las primeras etapas de la vida puede afectar permanentemente a la empleabilidad, los ingresos y el acceso a los puestos de trabajo de calidad. Además, las pautas de comportamiento y las actitudes establecidas en una etapa temprana persisten en momentos posteriores de la vida.

El desempleo y el subempleo de los jóvenes significa que éstos tendrán menos para gastar en productos y servicios y que disminuirán sus ahorros personales para invertir en negocios, lo cual se traducirá en una pérdida de producción. El desempleo juvenil implica una pérdida de futuros afiliados que ayudarían a obtener la mejora de los derechos, la protección y las condiciones de trabajo. Además de que los elevados y crecientes niveles de desempleo de los jóvenes pueden ser una fuente de inestabilidad social, de mayor consumo de drogas y de delincuencia.

De igual forma, el desempleo juvenil y los puestos de trabajo de poca calidad contribuyen a que existan altos niveles de pobreza. Como es previsible, el incremento en el desempleo tiene un severo impacto negativo entre los jóvenes, quienes son particularmente vulnerables a los vaivenes del mercado laboral. Los despidos, las reestructuraciones y las oportunidades insuficientes para entrar al mundo del trabajo condenan a muchos a una vida de dificultades económicas y desesperanza.

Debido a esto, somos testigos con frecuencia de la tragedia de jóvenes que queman sus vidas en el crimen, el abuso de drogas, los conflictos civiles y la delincuencia organizada. Tristemente hoy, los empleos disponibles para nuestros muchachos de pueblos, de rancherías y colonias populares, son el sicariato, el narcomenudeo, el secuestro, la extorsión y una esquina en los barrios pobres, como Halcón.

Por ello, resulta de suma importancia desarrollar estrategias encaminadas a favorecer el empleo de los jóvenes para que redunden en beneficio de todos. Invertir en los jóvenes es invertir en la sociedad. El trabajo decente para los jóvenes tiene un efecto multiplicador en toda la economía, al impulsar la demanda de bienes de consumo y acrecentar los ingresos fiscales. Además, la demanda de servicios sociales disminuye notablemente cuando los jóvenes tienen trabajo formal, esto les permite pasar su tiempo de manera productiva, aumentando su autoestima y la interacción positiva en su comunidad.


Desafortunadamente, con el retroceso en la atención a la juventud, continuará una creciente inseguridad y la política de “Abrazos no balazos”, fracasará, prueba de ello, es que los primeros seis meses de este año, son los más violentos de la historia reciente del país.

 

 

 

 

julio 9, 2020

Deja un comentario