La deficiencia del sistema de Partidos Políticos y los movimientos sociales en México

Por: Diego Arozqueta

COLUMNA/ SIN CENSURA

Diergo Arozqueta. Analista Político.
Diergo Arozqueta. Analista Político.

 

El desarrollo de la democracia en México es inconcebible sin los Partidos Políticos; pero, ¿esto es realmente cierto?

Durante el periodo pos revolucionario, las exigencias sociales de reestructurar el sistema político mexicano eran demasiado grandes, se necesitaba conformar un grupo de personas con las capacidades de controlar el poder y con la prudencia de no recaer en el régimen dictatorial que caracterizó a México durante el Porfiriato.

Fue así, como se conformó un partido político que se transformó durante el paso de los años; hasta 1946, cuando se consolidó como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), aquel, que mantuvo el poder durante más de 70 años; sin embargo, la democracia aún no figuraba como elemento principal del Estado mexicano.

Teníamos un gobierno de un solo Partido; como lo describe Morlino, un régimen democrático autoritario, aquel que permitía el ejercicio de la democracia, pero a su modo, controlada y manteniendo el poder en el mismo partido, el PRI.

Hasta este punto, cabe aclarar que el PRI, no fue le Partido encargado de establecer la democracia en México; en consecuencia, el PRI nació debido a las exigencias de los movimientos sociales pos revolucionarios.

En análisis, podemos considerar ampliamente y con el riesgo de omitir algunas otras características teóricas elementales, que los movimientos sociales han sido quienes han permitido las transiciones de régimen y las alternancias de gobierno en México, hasta en el actual gobierno del Presidente Andrés
Manuel López Obrador.

Hagamos un recuento histórico de esta hipótesis desde la transición de régimen durante la jornada electoral de 1994 y a la que llamo, la “primera ola de alternancia,” con el “Partido de la oposición” del Partido de Acción Nacional (PAN) en el 2000.

Durante los fenómenos electorales de 1988, con la famosa caída del sistema que le dio el triunfo presidencial a Carlos Salinas de Gortari, y la alternancia de gobierno del año 2000 trasladando el poder al gremio de Vicente Fox, se dio un paso a la liberalización política y a la democratización de los procesos electorales.

Este periodo permitió la transición del “régimen autoritario al régimen democrático liberal;” todo a partir del desgaste dentro del partido hegemónico priista durante la jornada electoral de 1994, mismo desgaste que se vio reflejado en los procesos de 1997 con las elecciones intermedias que le abrieron camino al partido panista de oposición para hacerse con el poder en el año 2000.

Pero, ¿en realidad el PAN, como Partido Político de oposición, fue quien influyó directamente en la primera ola de alternancia?
Muchas personas dirían que sí; en mi caso, les diré que no y les explicaré porqué. En realidad, se presentó como reflejo histórico de la transición del régimen dictatorial porfirista al régimen autoritario pos revolucionario.

En palabras más agradables; fue un movimiento social el que se erigió como oposición al régimen priista y a las reformas estructurales neoliberales que nacieron durante el proceso de cambio del Estado Benefactor, que se mantuvo hasta el gobierno de José López Portillo (1976-1982), al Estado Neoliberal, liderado por un grupo de tecnócratas que se vio consolidado durante los gobiernos de Miguel de la Madrid (1982-1988) y el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y en consecuencia, con su debido seguimiento durante el gobierno de Ernesto Zedillo (1994- 2000); así, nació un movimiento social encabezado por la élite empresarial de Vicente Fox y sus agremiados, mismos que aprovecharon la estructura partidista y de militancia del PAN para hacerse del poder durante la jornada electoral del 2000.

En síntesis, el PAN, como Partido Político de oposición, no fue quien dirigió ni representó las protestas sociales y los intereses de la ciudadanía para hacerse de la transición al régimen democrático liberal y de la alternancia de gobierno; en realidad, fue el movimiento social de la élite empresarial quienes se opusieron, y con toda la elocuencia administrativa que exige ese sector, planificaron detalladamente la estrategia electoral para hacerse del poder con Vicente Fox.

Durante el gobierno de Fox, se instituyó la democracia al grado de darle autonomía y vigilancia a los actos de gobierno; se crearon instituciones como la Auditoria Superior de la Federación ASF (2000), el Instituto Federal de Transparencia y Acceso a la Información IFAI (2002), el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social CONEVAL (2003), entre otros.

Estos actos de gobiernos, legitimaron la primera ola de alternancia y los procesos democráticos de México; por esta razón, puedo considerar a grandes rasgos, que se conservó el poder hasta con Felipe Calderón (2006-2012).

Ahora bien, siguiendo esta lógica y con la ejemplificación de dos situaciones políticas en México, la pos revolucionaria y la primera ola de alternancia, consideraremos que los movimientos sociales han sido los encargados de consolidar la democracia liberal en México.

La “segunda ola de alternancia” fue debido al error del gobierno de Felipe Calderón, con el incremento de la inseguridad y la declaratoria de guerra contra el narcotráfico; como consecuencia, los movimientos sociales que le exigían a su gobierno, paz en el país, fueron los mismos que tuvieron el efecto de Edipo, regresando al régimen priista con Enrique Peña Nieto (2012-2018).

Para este entonces, Andrés Manuel López Obrador ya había construido su discurso, desde 1997, señalando a la “mafia del poder”; fue así, cuando en el año de 2014, con el Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, y tras las atrocidades corruptas escandalizadas durante el gobierno peñista, que se colgó de los movimientos y el hartazgo social para abrirse paso a la cuarta transformación.

Aunque, en realidad no encuentro elementos para conceptualizar su movimiento con ese término; por eso, yo le llamaré la “tercera ola de alternancia”.

Según nuestra constitución, los Partidos Políticos son entidades de representación popular
y de interés público; así mismo, Burke señala que: “Un partido es un cuerpo de hombres unidos para promover, mediante su labor conjunta, el interés nacional sobre la base de algún principio concreto acerca del cual todos se muestran de acuerdo.” (Burke: 425-426).

Sin embargo, la hipótesis de este artículo recae en el hecho de que el sistema de Partidos Políticos en México está deteriorado; es más, es disfuncional y no responden a los intereses de sus representados; mucho menos, representan sectores o movimientos sociales específicos, aunque existan partidos que se declaren abiertamente promotores de causas como el Partido Verde Ecologista, el extinto y eclesiástico, Partido de Encuentro Social o el mismo PRI que supuestamente en sus estatutos representa a los sectores campesinos, populares y trabajadores; así mismo, a otros sectores de la población como la comunidad LGBTTIQ o el movimiento feminista, que al momento de su actuar de gobierno o legislativo,
contradicen estos supuestos de representación popular y de intereses.

Después de este breve análisis, de la conceptualización de las transiciones de régimen y los cambios de gobierno como “olas de alternancia”; así como, de establecer la hipótesis de que los Partidos Políticos son deficientes, concluimos que los movimientos sociales son aquellos entes que han permitido que la democracia en México transite de forma liberal permitiendo que el ejercicio de poder rebote de un lado a otro.

En este sentido, actualmente no existe ningún actor político o Partido de representación popular que se presente como oposición al régimen obradorista; sin embargo, la creciente ola de feminicidios en México, aunado a la apática, machista y misógina respuesta del Presidente, ha generado que las mujeres se movilicen y robustezcan sus exigencias para que el gobierno implemente acciones que permitan a las mujeres vivir una vida libre de violencia, en paz y seguras, a fin de lograr la igualdad sustantiva.

Es por eso que dejaré abierto este debate a la cuestión de que los actuales movimientos de las mujeres, generará la próxima ola de alternancia en la jornada electoral del 2024.

Las mujeres serán quienes ocupen cabalmente la Presidencia de México; es prácticamente imposible que el PAN y el PRI, impulsen a una mujer; MORENA, podrá impulsar a su próximo candidato o candidata presidencial si rompen las cadenas que tienen en la relación con Obrador como fundador de su Partido.

Pero, la pregunta es: ¿quién será la mujer encargada de abanderar este movimiento social y hacerse del poder público en el próximo sexenio?

marzo 12, 2020

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