Las sindicalistas también son feministas

Rosalía Vergara. Analista Político.
Rosalía Vergara. Analista Político.

Rosalía Vergara
Reportera de la Revista Proceso
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Columna #NoPolitices

 

A propósito de la marcha por el Día Internacional de la Mujer donde un grupo de mujeres usa la violencia como forma de protesta y cada uno lucha con lo que tiene, como puede y como se le da la gana.

Esta vez, y a propósito de tanto comentario que he leído de zombies que no piensan, no razonan, no hacen nada más que andar por la vida buscando carne de seres vivos para podérselos comer, presentarles a unas mujeres que han luchado toda su vida por la equidad de género en un mundo que, hasta hace poco era solo de hombres.

Todas han sobresalido en diversos campos que eran reservados para hombres, al grado de que actualmente una mujer, Luisa María Alcalde Luján, ocupa la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), dependencia que, desde su creación, en 1941, fue encabezada por hombres, con excepción del año que Rosalinda Vélez Juárez fue titular, de 2011 a 2012.

Otra es Inés González Nicolás, presidenta de la Red de Mujeres Sindicalistas (RMS), quien se sumó a la lucha sindical en 1982, cuando el entonces presidente José López Portillo nacionalizó la banca y “se hace realidad el viejo anhelo de los trabajadores a tener sindicatos”. Era parte del Banco Crédito Mexicano, del que fue despedida en octubre de 2002.

“La desigualdad laboral de género, como la violencia que enfrentaban las mujeres en los bancos, me arraigó en el trabajo sindical y dedicó que mi lucha tendría ese enfoque: la igualdad de género”, cuenta la Licenciada en Sociología por la UAM y maestra de Estudios de Género y Derecho por la Universidad Autónoma de La Barcelona.

Sindicalista feminista, investigadora, experta en temas de género y coordinadora del Diálogo Sindical de la Fundación Friedrich Ebert, también es presidenta y fundadora de la Red de Mujeres Sindicalistas, creada en 1997.

Con otras mujeres tuvieron un papel preponderante en la mencionada reforma laboral de 2019, cuya discusión y análisis comenzó desde 2004 con la formación del Grupo de Trabajo de Género y Sindicatos (GdTGS) que potenció las propuestas rumbo a la reforma de 2012, plasmadas en la reforma del 2019.

A casi dos años de su promulgación, considera que se está viviendo un nuevo momento sindical para las mujeres, y que es un parteaguas para que tomen el poder en los sindicatos, porque por primera vez se legislan aspectos de género, si bien de manera parcial, por lo cual asegura:
“Será un proceso largo y tal vez va doloroso, porque no va a ser tan fácil que los hombres líderes y los hombres no líderes tomen en cuenta que las mujeres son capaces de dirigir un sindicato”.

Considera ingenuo pensar que las leyes transforman la realidad por sí mismas:
“Las leyes no dejan de ser papeles. Tienen que difundirse, formar, educar, encontrar las palabras sencillas para transmitir el lenguaje técnico de toda la ley. Nadie va a exigir nada que no conoce. Así pasa con la ley”.

Los sindicatos tendrán que reformar sus estatutos para incorporar la perspectiva de género, realizar elecciones sindicales garantizando la representación de género. Las minorías deben estar representadas. En esencia, promover la igualdad de género en el sindicato y la igualdad sustantiva en el trabajo”.
Y se pregunta:
“Porque, ¿cómo le vamos a hacer para que los hombres entiendan que las mujeres también tienen el derecho a representar y ser representadas? Tienes que romper con muchos esquemas. Con toda una cultura, el machismo. No es fácil. Hay que crear estrategias para ejercer esos derechos. Yo creo que ninguna tarea puede estar concluida si esos derechos no son ejercidos por las trabajadoras y los trabajadores.

Hacerse líder

En 1995, Rosalba Calva Flores comenzó en el STINCA como secretaria de Trabajo, Prensa y Propaganda. Hacia 1997 fue secretaria de Finanzas, Actas y Acuerdos. En 2009 repitió en el primer cargo y en 2012 se convirtió en la secretaria general. Desde 2019 es secretaria general, organización, formación sindical y exterior.


Licenciada en administración por la UAM, inició su carrera sindical muy joven, lo cual aceptó “casi por influencia” de sus compañeras, pues no se sentía capaz de estar en el Comité Ejecutivo. Ignoraba las tareas y tenía miedo.

Pero logró formarse en el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), organización a la que pertenece el STINCA y en donde fue coordinadora de Género Valle de México. Actualmente es integrante de la coordinación nacional.

El no ser madre le facilitó mucho su incorporación a la capacitación, pues “muchas mujeres que tienen la responsabilidad de los hijos no pueden dedicar tiempo al sindicato”. Asimismo, pudo dedicarle jornadas de trabajo muy largas, dependiendo de la coyuntura en las labores.

Desde su perspectiva, falta al sindicalismo mayor preparación de las mujeres y que se animen a participar en los Comités Ejecutivos:

“Sucede que muchas mujeres han llegado a los cargos y reproducen los patrones machistas como el autoritarismo, la descalificación, desvalorización de otras mujeres. Es comprensible porque hemos aprendido de modelos de liderazgo de hombres”.

Así, deben superarse los estereotipos, como creer que los puestos de liderazgo son para los hombres, porque se cree que las mujeres son subjetivas, emocionales, incapaces de tomar decisiones en bien de los sindicatos:

“A los comités ejecutivos les hace falta el rostro de mujer. Hoy vemos a líderes que se han eternizado en los cargos sin propiciar la democracia en sus organizaciones. Se dice que las mujeres no quieren participar, que no les interesa… estos son meros pretextos que les vienen muy bien a los hombres, perpetuándose en las dirigencias”.

Las mujeres piloto

La capitana Elizabeth Abadíe Vázquez, exsecretaria de la Comisión Femenil del Congreso del Trabajo (1986-1987), fue la primera mujer piloto en una aerolínea comercial en Iberoamérica, la primera mujer comandante en Aeroméxico y la primera en realizar un viaje transoceánico.


Proviene de una familia de pilotos aviadores. Estudió en la Escuela de Aviación México, y al terminar ingresó a Aeroméxico. Después de más de 40 años de trayectoria, el 20 de enero de 2020, realizó su último vuelo como comandante de un Boeing 787, en el vuelo AMX002 de la ruta Madrid-México para Aeroméxico.

“Hubo algunos obstáculos que sortear, pero nunca lo sentí como imposible. Para mí eran retos. Durante mi adiestramiento inicial fue difícil, aunque creo que la presión fue más bien de mí hacia mí: tenía que hacerlo mejor para que me consideraran igual que los muchachos”.

Cuenta que su experiencia en la Asociación Sindical de Pilotos de Aviación (ASPA) siempre fue de apoyo, porque no notó diferencias de trato, obstrucciones o privilegios por ser mujer.

Por el contrario, asegura que se sigue trabajando en apoyar y mejorar las condiciones de las mujeres en la ahora Secretaría de Equidad y Género.
“ASPA de México ha sido un pilar muy importante para todas nosotras para ejercer nuestra profesión con equidad e igualdad, así como compaginar nuestra vida familiar y esto es con todos los miembros del sindicato, sin distinción de género”, señala la también instructora y asesora del flamante avión Boeing-787 Dream Liner, uno de los más modernos del mundo.

Cuando tenía 14 años, el padre de la comandante Mónica Gallardo que también era piloto de aviación, le contó que había entrado la primera mujer piloto a una aerolínea comercial. Entonces cruzó por su mente serlo, al igual que sus ocho hermanos.

Su padre se refería a Concepción Ivonne Bernard Ruíz, “Conchita” (Torreón, Coahuila, 1972-2013), miembro del Colegio de Pilotos de México A.C., y quien junto a Elena Folch ingresaron a Mexicana de Aviación en 1975 con motivo del Año Internacional de la Mujer. El 18 de noviembre de 1976, como primera y segunda oficial, pilotaron un vuelo México-Mérida-San Juan de Puerto Rico a bordo del B727-100, XA-TUY.

Mónica inició su carrera en 1979 en la Aeroescuela, donde obtuvo la licencia de piloto privado. En 1980 estudió en el Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil (CIAAC) y obtuvo la licencia de piloto comercial. En 1982 entró a Mexicana de Aviación y en 2014 a Aerolitoral.

De nada le valió provenir de una familia de pilotos, pues a las mujeres no les permitían ascender a comandantes… y los contratos colectivos de trabajo no contemplaban derecho alguno para ellas. Luego sería reconocido el de la condición de gravidez.

Con el paso de los años, Mónica advierte mayor igualdad de género en su sector:
“A pesar de que el porcentaje de hombres es mucho mayor, actualmente no considero que haya ninguna discriminación. Ahora las mujeres tenemos nuestros adiestramientos periódicos o de ascenso y no hay ninguna consigna de reprobarnos por el hecho de ser mujeres. Es el mismo trato que se le da a un piloto hombre”.

Además, asegura que, en ASPA, el sindicato al que pertenece ha logrado contratos colectivos de trabajo que respetan las condiciones laborales, se ha logrado la igualdad profesional y se ha empezado a incursionar en los cargos sindicales:
“Por primera vez hay cuatro mujeres piloto contendiendo para diferentes áreas sindicales”.
Una de ellas es:
— La comandante Lorena Gallardo, quien tiene una historia similar. El amor por volar le nació cuando acompañaba a su papá piloto en los vuelos. Dice convencida:
“Cuando cumplí 17 años me di cuenta de que me quería dedicar a esta profesión por el resto de mi vida”.

Sus abuelos, tíos, tías, primos también ejercieron esa profesión. Presume:
“En mi familia somos 18 pilotos, de los cuales tres somos mujeres”.
Al poco tiempo de concluidos sus estudios entró a Click de Mexicana de Aviación hasta el 28 de agosto de 2010 cuando dejó de volar. Ahora labora en Aeroméxico y es miembro activo de ASPA.

De acuerdo con su experiencia de género, si bien aclara no haber tenido barreras, recuerda los comentarios referidos a que una mujer difícilmente podría ser piloto. Le han dicho que miente en su profesión porque “eso no es de mujeres”, y que seguramente trabajaba en el aeropuerto haciendo algo distinto…

No hay en el sector lucha de géneros, confiesa, pues es el trato laboral y salarial es el mismo con los hombres.

“Tenemos un contrato colectivo de trabajo justo. No existen diferencias por sexo, se nos paga por igual, se nos trata por igual. Los pilotos tenemos una igualdad de género profesionalmente hablando, pero necesitamos hacer saber a las mujeres que esta profesión es para todos”.

Y los viejos prejuicios comienzan a desaparecer; por ejemplo, entre sus compañeros era muy común escuchar comentarios como “me tocó volar con una vieja”, como si fuera algo malo:
“Hoy en día, difícilmente se escucha algo similar –remata–. Se han logrado cambios dentro de los contratos colectivos que atienden las particularidades de la mujer y apoyados por los hombres”.

Actualmente Lorena es directora de Planeación Estratégica del Centro de Estudios de ASPA y está en campaña para ser la primera secretaria de Género e Igualdad Sustantiva, desde donde quiere incidir para lograr la inclusión de las mujeres en las decisiones sindicales.
Ese es el reto, como el de todas sus compañeras que han luchado por la igualdad: Que su voz se levante.

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