LOS LINCHAMIENTOS DEL COVID-19

Por: Enrique Terán

Enrique Terán
Enrique Terán. Analista Político.

COLUMNA / MENTIRAS VERDADERAS

Desde los tiempos más remotos; han quedado constancia de los linchamientos, que provocan la ignorancia, el fanatismo; la imbecilidad y la miseria humana.

Giordano Bruno fue quemado vivo en la hoguera, por cuestiones que hoy en día serían pueriles y limitadas en el ámbito teológico o filosófico.

Hoy los linchamientos quizá no sean tan sangrientos, pero dejan ver la estupidez humana; la manipulación: Un ente que decide con quien indignarse, a quién idolatrar, a quién odiar, que pensar y cómo comportarnos; como súbditos, como soldados que solo acatamos órdenes, sin razonar.

Mucha gente ha sido víctima de lo que Umberto Eco denominó: Legiones de idiotas; los que opinan sin saber, por cuestiones afectivas, animalescas; como viles bárbaros: Un día deciden que un burócrata canoso; sea el rey del mambo: me refiero a Hugo López- Gatell y si cuestionas sus dichos; serás odiado y repudiado por las tiranías de la mayorías.

Un youtuber venezolano que radica en la CDMX, tuvo la osadía de no tomarse tan a pecho lo de la pandemia; a pesar de dar positivo al Covid-19; acato las órdenes  de un burócrata, resguardarse y si tenía necesidad de salir de casa: Lo podía hacer, con protocolos de seguridad, con guantes y cubrebocas.

Caro le salió documentar su travesía; fue linchado de manera sistemática por la alcaldía: Autoridades lo resguardaron en su domicilio y dieron a conocer sus datos personales; hoy los histéricos y víctimas de la psicosis: No solo piden cárcel; ni su deportación a su país de origen. Quieren ver sangre, lo han amenazado de muerte; no quedo como un acto irresponsable, pareciera que es un violador o un asesino de gatitos; ahora en estos tiempos demenciales; ya no se sabe que es más grave.

Entiendo que la sensibilidad está a flor de piel; las dudas y este fenómeno sin precedentes; puede poner la tensión social a niveles eufóricos. Pero es probable que la suerte de este pobre venezolano; está echada, quizá sea deportado y las autoridades tengan que hacer caso al mantra y la lógica elemental de las dictaduras del proletariado: “La voz del pueblo es la voz de dios”.

Este joven quizá salió huyendo de la miseria que hay en Venezuela, víctimas de una guerra económica y sin ahondar mucho, seguramente aprendió algo básico del discurso liberal: Nadie te sacará de tu miseria, tienes que agarrar las riendas de tu vida y salir adelante.

Y decidió probar suerte, en un país donde todos pueden desobedecer y negociar la ley; según tu ingreso: El paraíso de cualquiera que haya vivido en un país estatista; lo que él no contaba era que el destino le tenía preparada una mala jugada y que aquí habrá mucha libertad económica; pero que cualquiera puede hacer justicia por su cuenta y que nadie lo va a proteger, de cualquier pirado.

En los siguientes días entraremos en lo que llaman fase 3; lo que me preocupa no es el virus; es la estupidez, es más mortífera que cualquier plaga. A pesar que la cuarentena es voluntaria; un ejército de idiotas ha decidido ser guardianes del orden, te insultan si sales a comprar algo, hacer ejercicio o alguna actividad; ellos viven en psicosis, paranoia y no se conforman vivir en ese estado; quieren que vivas con los mismos temores.

Las redes sociales son una maravilla y también una calamidad; a pesar de que la mayoría de los que interactuamos en la red, suplicamos la mirada ajena, perder el anonimato y entregar nuestro espíritu a la jauría de hienas y chacales que pululan; es un riesgo alto; por eso quizá muchos echan de menos el pasado, donde no había internet.

Mi madre me dijo en la cena: ¿Quién te manda a querer cambiar el mundo? Pelearte con todos: Me manda el mismo sistema que me quiso imponer a no participar y quedarme callado ante una injusticia, el que nos enseñó que deberían tomar las decisiones otros; yo me reivindique porque soy necio y obsesivo, otros porque los ha empujado la miseria, el hambre, la necesidad de defenderse del tirano que abusa de su poder; la falta de oportunidades.

Pero sabemos que nuestro futuro está en nuestras manos y somos responsables de ello; y ejercemos la libertad porque es lo que un hombre debería tener en más alta estima; como dijo Manuel Azaña: “La libertad, no hace felices a los hombres; sencillamente nos hace hombres” Sé que es una batalla perdida; hacer un mundo mejor, pero no puedo abandonar esa lucha, porque nadie nos puede quitar la voz y la palabra porque es lo único que nos queda; cuando el mundo ha conjurado en su necedad, es lo único que nos queda cuando los tiranos enloquecen; hacer y decir lo que te dé la gana debe ser una garantía para que ningún canalla ni gobierno alguno; nos quiera arrebatar la libertad.

Atte Enrique Terán

abril 17, 2020

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