LUCHAR POR LAS CARICIAS (III)

Por: Pedro Pablo de Antuñano

 

Pedro Pablo de Antuñano. Sociologist.
Pedro Pablo de Antuñano. Sociólogo. 

 

 

  1. La agenda de las naciones más industrializadas del mundo debería concentrarse en erradicar drásticamente las cadenas de acumulación generadas por el tráfico de drogas, de armas, de personas, de fármacos y de energías fósiles para refundar un planeta sustentable basado en la defensa y promoción de los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación.

    Sin embargo en vez de ello, los 8 e incluso, los 20 gobiernos controlados por sus oligarquías financieras han resuelto continuar su marcha furiosa hacia el exterminio de muchos para preservarse como clases dominantes.

    Los Edificios-Ciudades inteligentes, la moneda virtual y la transhumanización que todo lo digitaliza y robotiza para un control total del agregado de individuos (consumidores) en una aldea global.

    Ya lo había sentenciado Viviane Forrester en su ensayo El Horror Económico (1999 FCE) en donde hoy día ya no hablamos de un ejército industrial de reserva (como planteaba el viejo marxismo) sino que ahora tenemos amplias capas poblacionales de prescindibles, millones de personas que ya no servirán ni para ser explotados en el transcurso de su vida derivado de la explosión demográfica la generalización de la pobreza extrema y la compactación de las cadenas productivas y los mercados.

    Entonces, estamos frente a una coyuntura donde se antoja pensar que la marcha de la humanidad no se detendrá hasta auto purgarse para extinguirse o bien para la conquista del espacio exterior. Sin avalar teorías conspiroparanóicas.

  2. Es en este contexto histórico y en este concierto mundial en donde se encuentra el México del 2020. No estamos abstraídos de la realidad y no estamos exentos de los efectos negativos de las muertes y crisis económica que dejará el COVID19.

    Es una condición que no estaba en el guión, que rebasa la lucha de contrarios liberales contra conservadores o PRIANISTAS contra PRIMORENISTAS, es más bien, enfrentamos una nueva realidad no prevista, más importante que la popularidad del Presidente y más relevante aún que los ánimos de venganza electoral de la oposición.

    EL COVID19 toca a nuestra puerta para preguntar si podemos responder como nación o si sucumbimos como conjunto de intereses que comparten un mismo territorio. La pandemia y sus repercusiones nos rebasará a todos si no tomamos medidas unitarias, drásticas e inmediatas.

    Hay mediano consenso en que no podemos afrontar una situación nueva con una vieja receta, el Programa Nacional de Desarrollo fue diseñado para un sexenio de mayoría hegemónica cómoda en donde el Presidente, caminando, volvería a ganar el congreso y la mayoría de las legislaturas locales y gubernaturas en disputa en la elección intermedia de 2021.

    Hoy más allá de las frases y dicharachos, no sabemos si habrá tales elecciones y tales votantes, la vida de miles de personas está siendo amenazada y eso requiere de un Plan Emergente serio y profundo que hasta hoy, el gobierno federal no quiere dar.

    No vamos a incorporar a este análisis, la carnicería que quiere provocar la derecha, tratando de resucitar haciendo escarnio de la controvertida conducción del Presidente de la República en este periodo especial; tampoco vamos a justificar las erratas, pifias y desatinos que el gobierno ha tenido al menospreciar el contexto global para proteger su grandilocuente mayoría electoral, hoy irrelevante. Es justo la lucha de contrarios lo que permite la síntesis dialéctica que a continuación ponemos a debate.

  3. Frente a la inminente entrada en vigor de la fase 3 de la contingencia sanitaria, vendrá la parálisis de las PyMES y el ahorcamiento de los consumidores; se prevé un escenario de violencia, caos y rapiña en un ambiente fértil de 60 millones de pobres y una clase media en extinción sin condiciones reales de escalar en capacidad adquisitiva y en medio de grandes desigualdades generadas por una oligarquía financiera ya identificada de 40 mega empresas evasoras y concentradoras de las utilidades en cada una de las 72 ramas de la economía.

    Sin contar la contracción de las remesas, el turismo y la venta de crudo. Es realmente preocupante el futuro inmediato como para querer responder con tarjetitas de 10 mil pesos y colectas simuladas de salarios de la burocracia.

    Así, vamos a reventar y tampoco podemos apostar a que la regresión a los neoliberales ortodoxos nos va salvar porque sería un suicidio, además ¿quién podría hacerlo mejor? Slim, Alfaro, Dante, Calderón, Meade, no lo creo; la realidad es que estamos rodeados de lo mismo o de lo peor.

    Pero entonces ¿qué podemos hacer con lo que tenemos? Podemos esperar 9 meses a ver si AMLO tenía razón y generará los empleos que prometió, ver si el tren maya nos dará el motor turístico en medio del descenso de viajeros; ver si el tren transítsmico nos dará las utilidades por traslado de mercancías que daba el canal de Panamá mientras los mercados internacionales se contraen o bien, si la nueva refinería resolverá estructuralmente el precio de las gasolinas independientemente de la disputa entre Arabia Saudita y Rusia.

    Y claro, mientras ver si con una tarjeta de asistencia social por familia pobre, y 10 mil pesos para 50 mil PyMEs podemos sortear la recesión económica mundial, sin cadenas productivas ni mercado interno.

    Si funciona o no la reiterada receta del Presidente frente a un contexto nuevo es apuesta que habría que cobrarla en las elecciones intermedias de 2021, claro, siempre y cuando no sea demasiado tarde para cobrarnos entre mexicanos, porque igual no habrá ni elecciones ni votantes ni nada. Podemos perder más vidas en la hambruna que en la propia crisis sanitaria, pero eso sí, decir que el Presidente cumplió su promesa de campaña de no endeudarse. ¡Muy bien!

Podemos también dar un salto al pasado inmediato y ceder a la presión de la minoría rapaz que ha saqueado al país por décadas y endeudarnos con el FMI, el BM o con los vecinos del norte para salvar a las “cabezas” de las cadenas productivas y con ello a las casi 40mil PyMES que aportan el 52% del PIB y que generan el 72%  de empleo del país.

De esta manera podríamos fondear a la iniciativa privada, empeñando el futuro de mexicanos que aún no han nacido y que quedarían eternamente endeudados por los prestamos acumulados durante el periodo neoliberal que desmanteló todas las empresas públicas y salvo banqueros, deudores y hasta familias enteras con préstamos a tasas desventajosas.

Excelente, podrían callar de una buena voz todas las voces que hoy critican al Presidente para aplaudir todos la responsabilidad financiera que además se debería aderezar con la cancelación de los mega proyectos emblema del gobierno federal lo cual obviamente sería capitalizado por la derecha como un triunfo mediático electoral aunque jamás sabremos si eran o no buenas ideas.

Menuda ecuación social tenemos en frente. Cada país está tomando las decisiones que a su derecho conviene, pero en México se perdió en días la estabilidad, la gobernabilidad y la hegemonía de una mayoría ficticia que hoy polariza y parece no ponerse de acuerdo para salir adelante en unidad.

  1. Cuando impera la cerrazón de quienes solo piensan para su santo y causa, es justo el momento para que emerja la voz de los patriotas que sin pedir nada a cambio, proponen una salida sensata y razonada para armonizar la lucha de contrarios y salir adelante como un pueblo unido.

    Porque lo que somos es un mosaico de voces e identidades en donde debemos marchar juntos y juntas y no unos sobre otros.

    Es momento de pensar globalmente y actuar localmente. Seamos la vanguardia progresista del mundo con un nuevo modelo de organización política, económica y social que afronte esta emergencia sanitaria, que enfrente la crisis económica y que trace una ruta de refundación nacional basada en el futuro y no en el pasado.

    Hay que tirar la casa por la ventana y luego tirar también la ventana para refundar nuestra nación y salir renovados y dignos de un momento mundial que va a golpear a todos por igual. Entonces es momento de ser audaces y disrruptivos con alta responsabilidad conceptual, instrumental y metodológica para librar el caos, la violencia y la rapiña.

    En este sentido, la propuesta y conclusión es: Tengamos confianza en nuestras autoridades electas; apoyemos a quienes más lo necesitan y también blindemos nuestras cadenas productivas y nuestras chicas, medianas y grandes empresas; también orientemos recursos suficientes para contratar médicos, enfermeras, camilleros; comprar equipamiento y acondicionar los hospitales para la emergencia e incluso habilitar estadios para tales efectos.

    Todo, administrado por el ejército como es la línea presidencial pues los civiles están totalmente rebasados y ponen en riesgo el pacto federal y la república en su conjunto. Es decir, no hagamos de la realidad nacional una situación contradictoria sino complementaria, y como realmente todo se reduce a determinar de dónde se pueden obtener 50mil millones de dólares (1 billón de pesos con 250mil millones de pesos) sin endeudarnos con los organismos multinacionales y sin simular colectas apócrifas entre la burocracia.  En una crisis hay que deshacernos de los gastos suntuarios, los superficiales, los que a nadie le importaría prescindir.

 

Sacrifiquemos a quienes estorban más que ayudar, ahorrémonos los diputados, los partidos políticos y las elecciones. No sirven para nada en esta crisis y allí podemos encontrar los recursos para la emergencia.

Además no habrá quien los defienda. Dejemos solo el gasto corriente de trabajadores de base de los 32 Congresos Estatales, de la Cámara de Senadores y de Diputados; mismo tratamiento a los institutos electorales estatales, Federal y partidos políticos. Las economías generadas  podremos reorientarlas a la SHyCP para fondear un Plan de Emergencia.

 

 

 

 

abril 21, 2020

Deja un comentario