Normalizar la corrupción

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA / QUE HABLE LA BANDA

¡México, México…, para leer entre líneas! Esta frase del escritor y periodista Tomás Mojarro, bien puede expresar nuestra desesperanza, el desconcierto y el mal sabor de boca en un tiempo sombrío, de contradicciones y de pocas respuestas a los infortunios que vive la patria.

Con la pandemia, cambiamos la temporada de estrenos de los grandes filmes hollywoodenses, por los vídeo escándalos de moda, utilizados políticamente por los distintos Grupos de poder. No, para contener el mal endémico que ha representado la corrupción en nuestro país

Sino para demeritar al adversario, exhibirlo, disminuirlo electoralmente y sacar provecho de una población, que se satisface con el morbo y con la autoafirmación, de pertenecer a uno de los bandos que acusan a su oponente, dándose golpes de pecho.

Desafortunadamente, el ruido que creamos en los medios, en las redes sociales o en la platica familiar, encubre el mal que representa la putrefacción de la vida política de la nación. Ocasionando estos episodios, solo anécdotas de nuestra idiosincrasia y nuestra hipocresía. 

Al arrojarnos en la cara acusaciones entre unos y otros, se pierde la dimensión del acto, se diluye y se minimiza su trascendencia social, soslayando lo sustantivo de la conducta inmoral, para terminarla en altercado de cantina y encono personal.  

El caso Lozoya -lo habíamos apuntado ya- es el refrito, la continuidad en el hacer de una clase gobernante que se niega a dejar las prácticas viles, sus canonjías y el poder que otorga la impunidad. Ofrecida por una sociedad, que lincha a sus enemigos, pero perdona y justifica la conducta de sus correligionarios.

Normalizar se deriva de normal y del sufijo izar, y es hacer que algo se encuentre dentro de lo considerado habitual por el sujeto, es limar todas las cualidades exóticas o poco comunes. Adecuar las características de algo a una norma o estándar definido previamente. Es el hacerlo común.

Por normalización, el filósofo Michel Foucault, entendió un sistema finamente graduado y con intervalos medibles en los cuales los individuos pueden ser distribuidos alrededor de una norma –una norma que a la vez organiza y es el resultado de su controlada distribución. Esto implica, que un sistema de organización está opuesto a un sistema de ley o a un sistema de poder personal.

En otra vertiente, la normalización en sociología es el proceso por el cual ciertos comportamientos e ideas se hacen considerar normales a través de la repetición, la ideología, la propaganda u otros medios, muchas veces llegando a tal punto que son consideradas naturales y se dan por sentado sin cuestionamiento.

El entramado político actual, al normalizar la corrupción, al estandarizarla, la hace parte del bagaje cultural, parte de nuestros hábitos, de nuestras prácticas. Esas que en público llamamos vergonzosas, pero en lo privado, son conducta generalizada, que se justifica moral y éticamente, en un sistema de valores cada vez más laxo.

Esta es la tragedia que vivimos, pues cuando desde el estrado político se acusa al adversario de corrupción, a quien lo hace, ya le esperan otras imputaciones. A partir de las cuales, el acusador se convierte en sujeto de lo mismo que denuncio.

Con esta nueva serie de vídeo escándalos, queda demostrado, que quien detenta el Gobierno, es quien manipula y hace uso ideológico de la descomposición del sistema, no necesariamente para corregirlo. Y que quien cometió los aberrantes actos, tiene como respuesta la presentación de otros lastimosos vídeos, con los que pretende minimizar el impacto de los primeros, pero no ir a fondo en la lucha contra la corrupción, configurándose una patética defensa.

También queda claro, que se anticipó el periodo electoral que concluirá en 2021, y que cada bando les hablará a sus clientelas políticas, para sacar el mejor provecho en la próxima elección. Mostrando paradójicamente, la descomposición moral, para en teoría, renovar la vida pública a través de creativas y superficiales campañas.

Emilio Lozoya tendrá un papel protagónico en este rol, no importa que el exfuncionario transmute de delincuente, soplón y traidor a sus antiguos jefes, a testigo colaborador y para la 4T, a ser, el Señor Lozoya. Ello, por la ganancia y el redito político que le van a exprimir. 

Así nuestro México…, para leer entre líneas. 

agosto 27, 2020

Deja un comentario