Pensar en el futuro

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA / QUE HABLE LA BANDA

 

Múltiples gobiernos plantean de la mano de expertos, el fin del confinamiento al que nos ha obligado el coronavirus, este que ha causado estragos inconcebibles en nuestros pueblos.

Por ejemplo, la caída drástica de la economía, al tiempo de mostrarnos la vulnerabilidad de los sistemas de salud, que la ciencia no es infalible y que el cambio de hábitos sociales y culturales, ahora nos permite una nueva actitud y visión, para medir de manera crítica las respuestas que cada administración dio a la pandemia.

Según la propuesta de apertura, que se medirá a través de un semáforo de cuatro fases, algunas poblaciones irán asumiendo de manera escalonada, actividades secuenciales, hasta el desarrollo pleno de su movilidad y vida social. 

Sin embargo, subsistirán algunos hábitos que se quedarán durante largos meses, mientras no se encuentren los tratamientos médicos más apropiados y la vacuna para mantener a raya al Covid 19.

Estas prácticas serán, la sana distancia, el lavado de manos, el uso de gel y cubrebocas, así como la actitud responsable, para mantenernos pendientes de las indicaciones de las autoridades sanitarias, que podrán determinar en cualquier momento y según sea el caso, nuevas restricciones o directrices con objeto de evitar una segunda o incluso tercera oleada de la pandemia, como las que se vivieron el siglo pasado, con la Influenza Española. En la que, por cierto, su segundo ciclo fue el más letal.


Pero ¿cambiará el mundo, lo haremos nosotros? O ¿mantendremos las mismas conductas? Muchas de ellas destructivas para el planeta y para nuestras personas. ¿Tendremos la fuerza, las ganas y las condiciones propicias para reemplazar rutinas e inercias que hemos alentado por muchos años?

Al inicio de la contingencia, varios pensadores, entre ellos sociólogos y filósofos, plantearon supuestos, hicieron prospectivas y manifestaron razonamientos personales en los que expusieron sus posturas sobre las implicaciones que tendrá este trágico acontecimiento en la humanidad.

Las más relevantes creo, por la confrontación binaria que sostenemos en el mundo occidental, es la de un socialismo o izquierda que ha mutado en populismo, que ahora recorre Europa y América, en contraposición al neoliberalismo o capitalismo salvaje, que durante varias décadas, se apoderado de los países más avanzados.


En la primera postura, Slavoj Zizek el sociólogo esloveno, afirmó que la pandemia del coronavirus asestó un golpe a lo Kill Bill al neoliberalismo y, por tanto, propuso preguntarnos ¿qué forma de organización social sustituirá al orden liberal- capitalista? Y ¿cómo va a cambiar la pandemia no solo nuestras vidas, sino a la sociedad entera?

Por su parte Byung Chul Han el filósofo surcoreano, también crítico del capitalismo, considera que un virus no hará la revolución y por tanto es cosa de tiempo para ser testigos de la reactivación del neoliberalismo, probablemente con más fuerza y con otra cara. 

Predicción que quizás se robustezca con la conducta de los franceses, que, una vez concluida su cuarentena, salieron raudos a las tiendas a renovar el guardarropas y a reanudar el hyperconsumismo.

Al parecer, las prácticas económicas, sociales, culturales, políticas y de comunicación digital, iniciaran una larga transición, que podría durar mucho más tiempo del que los mercados y las economías mundiales afiancen su recuperación y mantengan una línea de flotación, para evitar los malestares sociales, que se incrementan en épocas de depresión.

Pues diversos especialistas, han calificado a esta pandemia, como la que causará los mayores males hasta ahora vistos. E incluso, superará a los severos efectos de la recesión económica de 1929, lo que la convertirá en un tremendo reto y un desafío monumental para los actuales sistemas políticos, que aún no logran propiciar mejores estadios de vida en la población mundial.

En ese inter, podríamos ser testigos, de si la esquizofrenia del capitalismo, como la calificó Gilles Deleuze, tiene la capacidad para engullir una vez más, otra contradicción al sistema, por compleja que sea y lo fortalece; o sí se reconstituye el socialismo con nuevos parámetros, que permitan el fortalecimiento de los derechos humanos y una economía que genere riqueza, con una mejor distribución que alcance a los más pobres que, por ahora, nuevamente serán los grandes afectados de la crisis; o si crearemos un nuevo régimen económico, político y social, que nos lleve a un verdadero nivel de bienestar para las mayorías.


Por lo pronto, el malestar mundial es patente, la esperanza languidece y los pronósticos son sombríos, en todos los campos de la sociedad. No obstante, la humanidad se ha reconstruido permanentemente y ha salido muchas ocasiones avante en momentos oscuros como las pestes, los desastres naturales, las guerras mundiales y otras catástrofes, en las que el capital social, esa conducta de ayuda, fraternidad y solidaridad, se manifiesta para rehacer a una comunidad ávida de mejoría, después de la incertidumbre, el miedo, la devastación y la pobreza, que deja un evento como el que hoy padecemos.


Si bien, será obligado un esfuerzo colectivo ¿qué estamos dispuestos a hacer en lo individual? ¿Nos cambiará la pandemia, aprenderemos o nos acostumbraremos a la llamada nueva normalidad? Donde el peso de esa normalidad nos puede subyugar para convertirnos en los individuos del sentido común, los del se piensa y no los del yo pienso.

¿En verdad, que nos depara el futuro y que estamos dispuestos hacer para cambiarlo? Sin duda la necesidad y la pobreza, serán dos de los factores determinantes que más pesarán en un probable cambio de vida y de nuestras acciones.

mayo 14, 2020

Deja un comentario