RECUPERAREMOS LOS ABRAZOS II

Por: Pedro Pablo de Antuñano

Pedro Pablo de Antuñano. Sociologist.
Pedro Pablo de Antuñano. Sociologist.

 

 

  1.     Si hubiera que resumir apretadamente la historia de la humanidad, hay mediano consenso entre los historiadores en que atravesamos las siguientes etapas generales: La prehistoria, que va desde tiempos inmemoriales hasta el año 4mil A.C.

    Dicho período, a su vez, pasa por el paleolítico en donde el hombre nómada pronto descubre el uso del fuego y la rueda y transita al neolítico donde se vuelve agricultor y ganadero hasta volverse sedentario y finalmente arriba al manejo de los metales y desarrolla los primeros asentamientos colectivos de individuos con vida social y comercial cotidiana.

    Luego, entramos a la Edad Antigua, del año 3,300 AC al siglo V D.C. Es en esta etapa donde se desarrolló de manera mucho más vertiginosa el resto de nuestra historia, pues es aquí donde aparece la escritura como gran referente de las primeras civilizaciones como Mesopotamia, Egipto, Grecia y la gran Roma.

    Y es justo con la caída del Imperio Romano que entramos a lo que hemos denominado Edad Media, un pasaje oscuro, feudal y monoteísta que durante 1,000 años (del siglo V D.C. al XV D.C.) pasando por tramos específicos como la edad temprana, alta y baja, desembocando en las las cruzadas y los burgos, los cuales resultan particularmente fascinantes para el tema que aquí nos va a ocupar.

    Con el descubrimiento de América en 1492 llegamos al colonialismo y la monarquía absoluta de la Edad Moderna cuyo epicentro conceptual es la ilustración, el siglo de las luces que concluye hasta la revolución francesa de 1789 en donde se reivindica el poder popular y la división de la iglesia con el Estado.

    Es así como la humanidad llega a la Edad Contemporánea, que nace junto con el siglo XIX y se caracteriza por las dos revoluciones industriales y  la segunda guerra mundial (1914-1918), la gran depresión de 1929, la segunda guerra mundial (1939-1945) la guerra fría, la llegada a la luna y la guerra por la conquista del espacio y la globalización.

    Este recuento elemental no es ocioso, por el contrario, es de vital importancia porque en la marcha de historia humana es donde podemos encontrar los puntos de relanzamiento que nos ayuden a elaborar un mejor futuro para todas y todos.

  1.     Ahora bien, en el desarrollo de la humanidad hay muchos elementos que han permitido identificarnos como sociedad o humanos agregados, pero los rasgos colectivos más importantes según confluimos todos, son los aspectos de organización Económico, Político y Social.

    Esta terna conceptual trae como resultado junto con otros elementos secundarios, la cultura de un pueblo, un país o de la humanidad completa.

    Podemos afirmar que durante estos años de historia humana resumida, nuestro sistema de organización gregario está fundado sobre la base de la propiedad privada, la posesión e intercambio de bienes así como su reproducción y acumulación.

    Es decir, con Hobbes, que “el hombre es el lobo del hombre” en cuanto a que el  origen del Estado se encuentra en el objetivo colectivo de delegar a una entidad superior, la regulación de lo que nos pertenece y lo que no nos pertenece así como de resguardar nuestra integridad física y patrimonial para lo que se le delega a dicha entidad el monopolio del uso de la fuerza legal y legítima.

    Las teorías que vienen después, solo disertan respecto a qué modelo es más pertinente para cumplir ésta encomienda, si el gobierno de uno (monarquía), el de pocos (oligarquía) o el de muchos (democracia), digamos que esta síntesis conceptual nos coloca en el modelo vigente en occidente: Los Estados-Nación con Repúblicas (con tres poderes) Federales (con gobiernos locales adheridos a uno más grande) y sistemas electorales que permiten el acceso a dichos órganos de representación (partidos, leyes, procedimientos e instituciones electorales).

    Ahora bien, si en occidente este es el modelo de organización político y social avalado en lo general por el concierto mundial (ONU) se entiende también que el ingrediente precursor (la economía) estará también pensado para preservar la propiedad privada y las cadenas correspondientes de producción, comercialización y acumulación de la riqueza.

    Un mundo capitalista, con las etapas que se quiera (original, proteccionista, monetarista, etc.) infiere que la humanidad se basada en una escala de valores en donde los elementos preponderantes son tener cosas y ello, nos hace mejor personas que otras, pues de allí se cumple el objetivo fundamental del Estado que es cuidar la propiedad privada y el proceso de acumulación en su conjunto.

    Es por lo anterior, que las personas más acaudaladas de cada país y sus empresas que cotizan en las bolsas de valores, son las que verdaderamente toman las decisiones, usando como actores de contención a los sistemas políticos y a los órganos de gobierno entendiendo que la ciudadanía es mercado y amenaza a la vez.

 

  1.     El 3 de abril de 2020, Kristalina Georgieva, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional dijo hoy que “es la hora más oscura de la humanidad” refiriéndose al impacto económico que la pandemia del COVID19 está generando en todas las economías del orbe.

    El FMI y el Banco Mundial son las instituciones mundiales garantes por excelencia de la versión actual del capitalismo por lo que llama la atención esta declaración, la cual nos lleva a clarificar que no estamos viviendo el fin de la humanidad sino el fin de un ciclo económico capitalista: el neoliberal, el salvaje o el monetarista, como le quiera usted llamar a estos últimos 45 años donde el lema vigente era “dejar hacer, dejar pasar” ya muy teorizado por Milton Friedman (Nobel de economía en 1976) y sus discípulos de la Escuela de Economía de Chicago.

    Parte de los daños colaterales de este modelo implantado desventajosamente en varias regiones del mundo trajo como resultado un nuevo colonialismo financiero y una nueva relación centro-periferia.

    Por otro lado, uno de los efectos colaterales de dicho modelo, fue la generación de una pobreza tan masiva, que hubo que categorizarla en “extrema” y “aceptable” y una concentración sin precedentes de los medios de producción en todas sus ramas, así como un mercado compacto y volátil que permitió preservar el statu quo tan solo media década.

    Lo vertiginoso de este proceso de acumulación de capital trajo como resultado que la mayoría de los países no estuvieran preparados para afrontar una crisis sanitaria como la que derivó del COVID19 dado que la salud pública no ha sido una prioridad, ni el bienestar social ni la generación de empleos dignos y bien remunerados, así pues, a los neoliberales que controlan sus países se les paralizó la fuerza de trabajo y el mercado, binomio que los mantenía en la cumbre de la cadena alimenticia.

    Y es por ello que frente a la crisis de ingresos su opción inmediata es exprimir las precarias arcas públicas para oxigenar sus ganancias y no perder el ritmo de acumulación.

    En los países donde las empresas mandan se ha resuelto de esa manera, pero en países donde los gobiernos son producto del voto de pobreza es donde hay una encrucijada interesante: pues se debaten entre el rescate de las empresas y los apoyos directos a los más necesitados, una vez más la lucha de contrarios, el neoliberalismo salvaje contra el proteccionismo estatal populista.

    Sin embargo, ambos dentro de los márgenes del capitalismo, pues los populistas no han presentado un modelo de producción y acumulación diferente, simplemente mantienen “sobreviviendo” a sus votantes con programas de asistencia y contención sin que ello, lleve a los pobres a incorporarse a cadenas productivas eficaces y eficientes, solo lo tienen allí, vegetando y votando con virus o sin virus.

  2. El COVID19 es un parteaguas en la historia que nos viene develar el fin del capitalismo salvaje, neoliberal y monetarista.

    Pero también nos viene confirmar la inoperancia económica del reparto del presupuesto en ayudas asistenciales y créditos, pues ni uno ni otros ya se pueden sostener.

    En esta disyuntiva, el volver a salvar a los ricos a costa de los pobres no va a colapsar socialmente con hambre y violencia, por otro lado, salvar a los pobres a costa de los ricos traerá turbulencias bursátiles y colapso económico.

    Entonces es la política lo único que nos puede salvar mediante la concepción de un nuevo pacto social debe venir de la súper estructura, es decir, desde las súper potencias para recalcular la ruta y diseñar un nuevo orden mundial, en lo económico, en lo político y en lo social.

    El G8 (Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Rusia) e incluso éstos mismos ampliado a los países recientemente industrializados (G20) debe ser la arena en donde se dirima el curso y destino de la humanidad.

    Y es por ello que la producción de conocimiento, la reflexión profunda y las propuestas factibles se hacen cada vez más necesarias.

    El tensar más las posturas va a traer como resultado el colapso general de los agregados de individuos, países inviables, Estados fallidos y el caos y la violencia como monedas de cambio.

    En este contexto es que ponemos al centro del debate el derecho de volver a abrazarnos, para lo cual debemos poner un alto inmediato a varias cadenas productivas que están lacerando flagrantemente a la humanidad: el tráfico de drogas, de armas, de personas, de fármacos y energías.

    Este es el big five mínimo que hay que discutir en serio si queremos preservar a la humanidad en términos de modernidad colectiva en vez de pasar a acciones involutivas que nos pongan en escenarios cavernícolas de la imposición del más fuerte, donde ya de por sí,  facto y técnicamente ya estamos.

    Para tal efecto hay que impulsar una agenda de transición que nos permita migrar de un modelo de neoliberalismo salvaje a otro con límites razonables de producción y acumulación de la riqueza, pero sobre todo, lo que hay que migrar es de escala de valores, de una donde lo que importa es tener más que los de más a otra donde lo importante sea apoyar a otros, más que los demás.

    Panoramic photo of large crowd of people. Slow shutter speed motion blur.

    Es decir que no debemos de plantearnos un capitalismo en donde hay dejar de ser “tan salvajes” para ser solo “un poco salvajes”; más bien tenemos que preguntarnos si tener tantos autos, casas, joyas y dinero en los bancos nos hace realmente mejores personas que otros.

    Si así fuera, esta cuarentena nos lo rebate fácil.    

#volveranlosAbrazos

abril 7, 2020

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