REGLAS ABSURDAS

Por: Enrique Terán

Enrique Terán
Enrique Terán. Analista Político.

Columna/ MENTIRAS VERDADERAS

 

Queridos lectores; les ofrezco una disculpa por otra ausencia acumulada de la semana pasada, me fui de vacaciones, no tuve la gentileza de avisarle al jefazo de este portal informativo: Pero por alguna extraña razón, me sigue permitiendo escribir en su espacio y yo poder criticar lo absurdo de este mundo, sin corrección política alguna.

En este viaje de vacaciones relámpago, urgente y necesario; a despecho de los que aman obedecer las reglas; aunque sean absurdas. Me di cuenta de lo absurdo; la necedad y la conjura del gobierno, de imponer reglas sin sentido; que van en contra de la más elemental de las lógicas:

Empezaré por el uso de un cubrebocas arriba del avión, cuando el aire acondicionado es de avanzada tecnología, con filtros que eliminan el 99% de las bacterias; eso sí,  te lo puedes quitar cuando ingieres los precarios alimentos que ofrecen en el aire, con tu respectivo gel, que ya en muchos lugares; parece una gelatina asquerosa que maltrata nuestras manos.

Para abordar el avión te hacen escanear un cuestionario en tu celular; para responderlo, en caso de no contar con la aplicación lo llenarás manualmente; claro eso congestiona las molestas filas de los filtros de seguridad: así que esas medidas, no sirven de nada, solo para burocratizar mucho más el abordaje.

El cuestionario; son preguntas que de tonto contestas que sí, para que no te dejen abordar y no te rembolsarán el costo de tu boleto. Me hubiera gustado; saber de qué iba, el trámite, al contestar que sí he tenido fiebre en los últimos días; pero no tuve ganas de confirmar la estupidez de las reglas.

Por si no fuera poco; al llegar a mi destino tropical, me toman la temperatura, esperando que no excedas los 38 grados; cuando la temperatura ambiente es hasta de 42 grados. No se puede correr en un bosque, ni hacer actividades deportivas; si no es con un cubrebocas incómodo y el calor en todo su esplendor.

Hacer largas filas para ingresar a un lugar; supuestamente para evitar aglomeraciones y haciéndolas al mismo tiempo; de oligofrénico la nueva normalidad.

Limpiarse la suela de los zapatos en un tapete con cloro, para hacer lodo después; unos plásticos horrorosos en los negocios y que no puedes entrar acompañado a un supermercado; a pesar de que todas estas medidas, son sugerencias; se ha vuelto una imposición imperial, sin derecho a cuestionar la lógica elemental.

Por si fuera poco, al llegar a una isla donde la autoridad es autónoma y la organización corre a cuenta de los lugareños; te exigían el uso de cubrebocas en la calle, de no hacerlo era una multa arbitraria.

Militares de la Guardia Nacional con uniformes oscuros y un calor penetrante; donde los oficiales encargados de protegerte solo se ven lentos, con cuerpos adustos, agobiados de una vestimenta absurda en un área tropical.

Me hubiera gustado que esa vehemencia y ese espíritu de buen soldado, obediente y sin cuestionar las reglas, se hubiera transferido a la cultura cívica: No apartar lugares en la vía pública, respetar los decibeles en un condominio; parece que el miedo, la exacerbación de la información tiene mayor efecto en la ciudadanía.

Es cierto que un país prospera por el respeto a las reglas que acuerdan las instituciones y las reglas informales ¿pero en verdad es fructífero hacerlo por medio de la fuerza en vez por el consenso?

Es una pregunta válida; porque si hay un agravio a las libertades personales, una imposición y valores autoritarios designados por unos paranoicos, que deberían ir al psiquiatra a tratarse sus patologías obsesivas.



Porque ahora no se le puede echar la culpa a un gobierno autoritario, el estado ha sido respetuoso en las libertades; caciques y desquiciados, son los que rompen el orden y hacen que el gobierno se doblegue.

En el libro “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, tiene un pasaje  donde en un planeta hay un rey y cuando llega el; exclama aquí hay un súbdito: que exigía que bostezará el pobre niño; si ganas de hacerlo. En un diálogo parecido a un soliloquio exclama lo siguiente:

“Sólo hay que exigir a cada quien, lo que cada uno puede hacer. La autoridad siempre debe apoyarse en la razón. Si por ejemplo, ordenas al pueblo que se tire al mar, el pueblo hará una revolución. Por eso es que tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables”

Por desgracia; no tenemos ni una ciudadanía responsable, pero tampoco un buen gobierno que ponga un cierto orden y cierta razonabilidad, sin permitir que reyes de cuarta quieran imponernos sus visiones y respetar la visión del otro.

Aquí en este país cada quien quiere imponer su ley, no se extrañe el caos que vivimos y eso no lo resuelve un cubrebocas.

Atte Enrique Terán.

 

 

 

 

julio 17, 2020

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