La sociedad del caos, la violencia y la confusión

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA/QUE HABLE LA BANDA

 

El mundo ha cambiado por su lógico devenir y por los excesos de un modelo de desarrollo planetario inequitativo, abusivo y depredador, conocido como Neoliberalismo.

En respuesta a este hartazgo, se ha instalado en diversos países una tendencia igual de regresiva, abusiva y devastadora, el Neopopulismo. Llamado en México por el Gobierno de la 4T, Liberalismo.
Hoy priva en el mundo, una terrible confusión, derivada del trascendente cambio de era en las sociedades humanas, al pasar de la Revolución Industrial a las Sociedades de la informática, denominada por Alvin Toffler, la Tercera Ola, la sociedad del conocimiento.

El sociólogo y futurólogo estadounidense, considera que esta ola se centra en los activos digitales, en el capital intelectual, y en los procesos de interacción y de trabajo.

Ello, después de que el nacimiento de la agricultura constituyó el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano y como segundo, la revolución industrial.

Antes de la primera ola de cambio, la mayoría de los humanos vivían en grupos pequeños y a menudo, migratorios.

Pero en algún momento, hace aproximadamente diez mil años, se inició la revolución agrícola y se difundió lentamente por el planeta, extendiéndose a poblados, asentamientos, tierras de cultivo y una nueva forma de vida.

La ola de cambio persistía aún y cuando llegó la revolución industrial a finales del siglo XVII. En este nuevo proceso, la industrialización, se movió rápidamente por el mundo civilizado. Así, convergieron dos procesos mutables que entrechocaban en las sociedades.

Hoy en día, la primera ola está ya casi terminada, la segunda aún se mantiene, pero retrocede al trastocarse sus paradigmas de producción y culturales.

Ahora, ha comenzado la tercera ola, provocándose un entrecruzamiento de las tres ondas de cambio, todas ellas moviéndose a velocidades diversas y con diferentes grados de fuerza entre sí.

Según Toffler, el conflicto entre los grupos de la segunda y tercera ola constituye, de hecho, la tensión política central que surca nuestra sociedad actual. Ese brecha o choque generacional, que no permite el avance de lo nuevo y hoy lo justifica con una ideología que ha fracasado tristemente en el mundo, el Comunismo o con posiciones radicales de derecha como en Estados Unidos o Brasil.

Francis Fukuyama, el sociólogo norteamericano de ascendencia japonesa, detalló en su obra La Gran Ruptura, que el transito de la era agrícola a la Industrial, convirtió a las nacientes ciudades o pequeños burgos, en comunidades asoladas por el crimen, el vandalismo, las adicciones y toda suerte de males.
Fueron tan dramáticos los cambios sufridos en esta transición, que se tuvo que inventar una ciencia, la Sociología, para explicar las múltiples y profundas transformaciones que se padecieron.

Si la analogía es correcta, en el periodo que vivimos, iniciado a mediados de 1990 y hasta el momento, los profusos cambios generados por este fenómeno de corte mundial nos tienen impactados y en shock como a principios del siglo XVIII, y aún no percibimos la dimensión de tales mutaciones.

Por ello, convivimos con paradigmas, narrativas y metáforas que se entremezclan, se superponen y se niegan recíprocamente, perdiéndose reglas, normas y valores que antes cohesionaban a las sociedades.

En su lugar, el exceso de libertades, el pragmatismo salvaje y el extendido aquí y ahora, restan credibilidad al futuro y a una proyección del mañana, imprescindible para construir sociedades. A ello, también contribuye el desarrollo tecnológico, el internet y las redes sociales masificadas, creando lo que ahora se conoce como esclavismo digital. El mundo del Se Dice (Das man) del filósofo Martin Heidegger, no el de Yo Pienso.

Una muestra de este trastocamiento es el primer debate entre los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Señal clara, de cómo se han roto las reglas de convivencia, de respeto, de construcción y de interacción positiva.

Si esto sucede entre las dos personas que ahora disputan el puesto político más importante del planeta, entre el común de la gente, no es extraño que dirimamos nuestras diferencias con descalificaciones e incluso violencia física. Paradójicamente, somos la sociedad del conocimiento y de la violencia en todas sus expresiones.

En México, la pretensión del presidente de la república de llevar a juicio popular a los expresidentes del periodo neoliberal a toda costa, descalificando de antemano la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la nación, es otra muestra del cambio de reglas, de imposiciones y de hacer valer la demagogia sustentada en el voto popular.

Parece que la única forma de superar este periodo es no incentivar la confrontación, adoptar una actitud de tolerancia y de respeto, donde se privilegie el dialogo y volver a la construcción de un futuro alentador. Recobrar nuestra esencia humana positiva.

Contadores SDV

 

 

octubre 2, 2020

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