Un septiembre para recordar

Por: Humberto Morgan Colón

Humberto Morgan Colón. Analista Político.
Humberto Morgan Colón. Analista Político.

COLUMNA / QUE HABLE LA BANDA

 

Son tiempos oscuros, tristes, con pocas motivaciones y un encono que nubla la mirada, acrecentando la ceguera. Esa que no permite ver con claridad el futuro incierto de este gran país.

Todo se vuelve critica, circo, polémica y denostación de unos a otros. El pueblo bueno, tan bueno pero tan lejano de la objetividad. Inspirado maliciosamente con una hipotética justicia, para castigar la perversidad de los hombres que encabezaron la etapa del neoliberalismo y con miles de millones de pesos transferidos a programas sociales, que manipulados por una amplia red de Siervos de la Nación, se convierten en una enfermiza sed de venganza y catarsis.


Promovida por un hombre que dice creer en el evangelio, que no odia, ni cobra venganza a sus adversarios. Y por un aparato de Estado, aliado a una mayoritaria prensa, hoy subsumida al poder en turno, que exalta el discurso centralista. Como en los viejos tiempos del PRI, de los que el pueblo bueno sufrió media vida, pero aprendió muy poco.

¿Qué ha cambiado?

Los otros, los que el presidente llama conservadores; muchos de ellos conservándose en la crítica iracunda, que solo justifica ante las masas y los beneficiarios del poder, su desatino y falta de creatividad, para motivar nuevas formas de ver y encarar los problemas nacionales. Con esta actitud, son rápidamente desacreditados, pues todo indica, que su rencor, se sustenta en la perdida de privilegios y no en el bien social.

Un México tan extraño, tan surrealista, de miles de muertes por la Covid 19 y por los homicidios dolosos. Tan indolente, tan ideologizado y en un severo proceso de depauperación, que lo convierte en un escenario propicio para realizar inéditas y esquizofrénicas rifas de un avión, sin avión.

En el que se organiza una consulta popular para juzgar a expresidentes y que en cuestión de horas se quintuplican sus resultados.

En donde se llevan a cabo desangeladas y caras festividades anticipadas de nuestra independencia. Algunas, videograbadas y luego transmitidas en las redes sociales de las alcaldías, que irónicamente no fueron vistas por miles de sus gobernados.

Convirtiéndose en eventos cuasi personales, para la egoteca e imágenes para propaganda de las precampañas electorales, que ya están aquí.

Es el caso del presidente, quien desde su infausto balcón, se dirige a un pueblo y a una sociedad lastimada, temerosa de lo por venir, que no acudió a la Plaza de la Constitución, por prescripción de las autoridades de salud y por el desánimo que causa un escenario tan lamentable como el que vivimos. También, como presagio, analogía y parodia, del hombre que Gobierna solo, haciendo de la austeridad una de sus banderas.

Sin embargo, el gasto en iluminación y pirotecnia, innecesario, bien pudo servir para mitigar el grave problema de la falta de medicamentos para los niños con cáncer. Aunque para mantener el poder, no importa a qué precio, se debe cultivar la vigencia de los símbolos fundacionales, aunque en muchos ya se congeló el fervor y el amor patrio.


En el México insólito, extravagante y anormal, habremos de acostumbrarnos a rifas, a frívolas subastas de lo incautado, eventos de exaltación nacional -como en el Nacional Socialismo- y a consultas populares a modo, para concretar la justicia que el pueblo demanda. Como en los tribunales populares de la revolución y el Ejército Rojo de Mao Tse Tung.


Consultas populares que servirán como distractor, ajuste de cuentas y consumación de una obsesión por castigar a los que no solo detuvieron el desarrollo del país, sino y sobre todo, cortaron el ascendente camino de un hombre, que pensó en una cuarta transformación de la vida nacional, que por infortunio, llego en el peor momento.

Trastocándose todo en destrucción, deshabilitación de lo público y de lo democrático y en un malestar de grandes capas sociales, a las que las promesas de campaña les quedan a deber. Como sucede recurrentemente en México.

En el sentir popular, septiembre del 2020, es un año para olvidar. Esto, por la crisis económica, por la pandemia, por un Gobierno que aun no encuentra los caminos para responder a sus electores, por las miles y miles de familias con muertos por la Covid 19, por los homicidios dolosos y por las desapariciones forzadas.

No obstante, septiembre del 2020, debe ser un mes para recordar, aprender y fijar en la mente y en la opinión pública, los errores, los sinsabores, los aciertos y la batalla de miles de mexicanos que se sobrepondrán a las terribles condiciones en una etapa lúgubre que requiere de la unidad nacional.

Contadores SDV

 

 

 

septiembre 17, 2020

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