Una crónica personal en tiempos del coronavirus

Por: Humberto Morgan Colón

COLUMNA / QUE HABLE LA BANDA

Como miles de mexicanos, Carlos tuvo el infortunio de contagiarse con coronavirus y desarrollar la enfermedad Covid 19.

Su deducción ante la imposibilidad de saber a ciencia cierta donde se infecto, es que la contrajo en el velorio de un familiar, realizado en una funeraria, aun y con las estrictas medidas de seguridad sanitaria impuestas en el lugar.
Después del periodo de incubación, se manifestaron los primeros síntomas que son comunes a una faringitis, fiebre, cuerpo cortado y dolor de garganta. Acudió al médico quien le prescribió distintos fármacos y con ellos inició el tratamiento de una semana en la que no salió de su casa, previendo no contaminar a otras personas.

Sin embargo, para el sábado 20 de junio, ya era evidente el deterioro de su salud, expresado en la pérdida de varios kilos, en fiebres superiores a los 38 grados, un malestar generalizado, falta de apetito y episodios de tos. En estas circunstancias, lo que más llamó su atención y en más de una forma le inquietó, es que empezó a tener dificultades para respirar.

Ese fue el síntoma que lo alertó y por el que literalmente sus familiares, lo levantaron en vilo y llevaron al hospital. Relata que la búsqueda del nosocomio fue una pesadilla, en el ABC de Observatorio, no había lugar, en el de Santa Fe, no había atención para la enfermedad.



En el Mocel, tampoco había cama, igual suerte tuvo en el Metropolitano. Mientras hacían estos recorridos en el auto, sus hermanos llamaban a otros hospitales como el Ángeles del Pedregal y el Dalinde, en los que la respuesta fue la misma. Por fin encontraron uno en la colonia Roma, Star Médica, donde lo atendieron en el área de urgencias y le informaron que no había espacio, estaba saturado.

El diagnóstico en esta clínica fue preciso, Usted tiene síntomas de neumonía y posible Covid 19, su oxigenación es cada vez menor y debe encontrar atención inmediata, porque se puede agravar rápidamente. Mientras salían, ya desesperados, su madre llamó a una amiga que trabaja en el sistema de salud federal. Al comentarle el caso, la recomendación fue aún más alarmante, por ningún motivo lleves a tu hijo al IMSS o al ISSSTE y sugirió dirigirse al hospital dispuesto por la SEDENA y el Gobierno de la ciudad de México, en lo que fueron las instalaciones de Guardias Presidenciales, ubicadas en la calzada Chivatito.

Cuando llegaron, él en las nubes, fue recibido por médicos militares que valoraron su estado y de manera inmediata lo internaron.


Ya en la cama, le colocaron una mascarilla con tanque de oxígeno, lo canalizaron para suministrarle suero, seguido de un gran cóctel de antibióticos, retro y antivirales, anticoagulantes, antiinflamatorios, analgésicos y antitusivos.

Los dos primeros días se mantuvo prácticamente inconsciente por el malestar, al tercero, su cuerpo respondió de manera positiva. Aun así, el tratamiento completo se conservó por una semana y en la medida de su progreso, fue disminuyendo la cantidad de medicamentos y sus dosis se espaciaron.

De igual forma, el suministro de oxígeno fue decreciendo. Al presentar una clara mejoría en la oxigenación, sin episodios de tos, disminuyendo la fiebre y sin otros padecimientos, salió de la lista de probables candidatos a ser llevados a terapia intensiva. Esto le motivó mucho, porque estaba aterrorizado, pues días antes había leído que los pacientes de Covid 19 que entran a estas salas y son intubados, tienen una mortandad de entre el 60 y el 80 por ciento.

Al quinto día, bajó de la cama para dirigirse al baño y dar sus primeros pasos. Al séptimo cerró la llave del oxígeno por intervalos de tiempo de una o dos horas, con la intención de acostumbrarse paulatinamente a las condiciones naturales y lo reabría cuando se presentaban dificultades para respirar. Para el día once, ya dormía sin él. Su evolución mejoró notablemente a partir de entonces y su malestar evidente, fue el daño que la enfermedad causó a sus pulmones, por lo que solo podía caminar unos cuantos metros para no sofocarse y no podía sostener pláticas continuas por la falta de aire.

Estuvo en observación un par de días más y ya sin otras complicaciones, le dieron de alta. La prescripción obligada fue permanecer en casa dos semanas e irse incorporando progresivamente a sus actividades, con máximas precauciones. Cosa que cumple con esmero.

Los aprendizajes de Carlos

 

El SARS CoV 2, es la mutación de un virus encontrado en murciélagos. Ellos no pueden transmitirlo directamente al ser humano, las cadenas de ADN no son compatibles. La hipótesis, es que el virus pasó a una serpiente o a otro mamífero no conocido y posteriormente a las personas.

Es una cepa nueva y hacen falta aún muchas respuestas por conocer, de ahí su peligrosidad. El Covid 19 es una enfermedad multiorgánica, el daño que causa, está en relación directa con las condiciones físicas y de salud de las personas infectadas.

Como si fuese inteligente, atacará las partes más vulnerables y empeorará si existen enfermedades preexistentes como diabetes, hipertensión u obesidad, padecimientos hepáticos o del corazón. Hasta ahora, hay cinco tipos de personas receptoras: las asintomáticas, las que contraerán el virus y la sobrellevarán como una gripe más fuerte que la habitual, los que tendrán que ir al hospital y se recuperaran, los que lamentablemente fallecerán en ellos y aquellas personas, que serán regresadas a sus casas por falta de capacidad en los sanatorios y morirán en sus hogares.

En nuestro país, el manejo de la pandemia a nivel federal ha sido desastroso, con una orientación política y sin mayores fundamentos científicos. Además de los mensajes contradictorios a la población, la falta de pruebas, de seguimiento a las cadenas de contagio y una gran indolencia por parte de las autoridades, que raya en lo criminal. No obstante, en el ámbito local: Jalisco, Nuevo León y en la ciudad de México, hay muestras de mayor responsabilidad.

La experiencia que tuvo en el hospital fue motivadora y sorprendente. Lo primero que destaca, es el compromiso humano de las y los médicos, así como de las enfermeras y los enfermeros, siempre atentos, serviciales, comprometidos y pendientes de los pacientes. Su alto grado de profesionalismo y conocimientos de una enfermedad tan nueva como enigmática.

El gran esfuerzo realizado para que, en lo posible, no faltaran medicamentos e insumos. Además de la pronta adaptación y colaboración de médicos militares y médicos civiles quienes atienden en tres turnos, con respeto, amabilidad, pero sobre todo humanidad. Y aunque nunca pudo ver sus rostros, por los trajes protectores, los gogles, las caretas y los cubre bocas, siempre los recordara con cariño, aprendiendo de ellos, su compromiso en situaciones tan adversas y desgastantes, llenas de riesgo e incertidumbre.

En lo personal, da gracias a su familia, quienes se quedaron a cargo de sus responsabilidades y de sus cuidados. A los familiares, amigos y amigas que estuvieron atentos y le enviaron deseos para su pronta recuperación e incluso elevaron una oración por él, les ofrece su corazón y un sincero agradecimiento.

Para Carlos, ahora la salud es una de sus mayores riquezas y aunque la vida es corta, dice, hay tiempo para mejorar y recapacitar en lo bien hecho y en lo que nos hace falta por emprender. Hoy más que nunca, se necesita construir una mentalidad fuerte, pues nos acercamos a un periodo en verdad difícil.

Con una cuesta larga y tortuosa por subir, lo mejor que podemos hacer, es trabajar duro y en conjunto, afianzar nuestros valores, robustecer la disciplina y por ningún motivo, renunciar a nuestras metas y objetivos. Además de no perder la fe en Dios.

 

 

 

 

agosto 13, 2020

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